El Lissitzky, el constructor.

Hace ya un tiempo se pudo realizar un viaje espacio-temporal desde Málaga a la Rusia de la Revolución en el Museo Picasso, a través de la obra del polifacético artista El Lissitzky (1890-1941), en una exposición excelentemente comisariada, que fue fuente inagotable de descubrimiento, conocimiento y placer.

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El Lissitzky se sintió creador y constructor, no sólo del propio proceso personal como artista, sino también de la nueva utopía convertida en realidad que fue la Unión Soviética. Su propio nombre Eliezer, queda reducido a El, coincidiendo con “Yhvh”, tercera persona del singular del imperfecto del verbo ser: “él es”, que alude en la cultura judaica a Dios vivo. En su autorretrato fotográficoEl constructor” (1924) se funden el ojo, la mano y el compás. Estos elementos clave, usados como metáforas del intelecto, le definen como constructor: el hombre manejando el instrumento. El compás traza un nimbo tras su cabeza, a modo de los antiguos iconos religiosos rusos. Mediante la composición fotográfica experimental (muy al uso de la época), aparecen junto al artista las letras XYZ señalando los ejes espaciales, una tridimensionalidad que del arte bidimensional Lissitzky llevó al volumen, no sólo a través de los diseños arquitectónicos, sino también de los Proun, neologismo ideado por el autor en el que engloba una pintura llevada a las tres dimensiones en su Proyecto para la afirmación de lo nuevo. En el Museo Picasso una recreación de un proun raunn nos permite entrar físicamente en este concepto espacial. Dentro del proun raunn se convive con cuerpos geométricos dispuestos en planos verticales, horizontales y oblicuos que desafían la realidad espacial.

DSC_3095Sin duda alguna, su obra pictórica, su labor como arquitecto, sus diseños gráficos y tipográficos para revistas, publicidad y para la propaganda del nuevo régimen, además de sus testimonios fotográficos y fílmicos y sus diseños escenográficos y de exposiciones, son testimonio de los cambios socio-políticos que se produjeron en el país y de las vanguardias artísticas que allí se originaron como consecuencia de la nueva ideología y gobierno. Es el caso de las numerosas revistas, como SSSR na stroike (URSS en construcción), cuyo diseño, junto a sus fascinantes portadas, plasma la estética ligada al nuevo régimen, en la que Lissitzky supera el suprematismo para plasmar el discurso del constructivismo. O las ilustraciones para cuentos judíos, sumidos en un neo-primitivismo que inevitablemente nos recuerda al trabajo de artistas como Natalia Goncharova y Mijail Larionov. No falta tampoco en su campo de experimentación la filmación documental que se encarga de relatar una Rusia “en construcción”, a la manera que lo hicieron sus compatriotas el fotógrafo Alexander Rodchenko (tomas en contrapicado y en ejes complejos o la superposición de fotogramas, tal como hacía con sus fotomontajes) o el cineasta Dziga Vértov (por el sentido documental de las imágenes). Estos dos artistas, además, manifestaban el compromiso social en sus creaciones, coincidiendo con la actitud plástica de Lissitzky, reflejo de una ética fundamentada en la relación directa entre arte y vida, creación y trabajo.

Pero aún siendo su obra herramienta del nuevo régimen comunista, se descubre en ella una fuerte personalidad creativa, cuyos parámetros podrían ser la búsqueda, la experimentación, la novedad y la controversia. Quizás el artista supo y sintió que él y su trabajo eran uno solo, que él era el nuevo credo, como también podía haber sido cualquier otro motivo de inspiración que le hubiese convertido en constructor de sí mismo y, por lo tanto, del mundo, tal como refiere Paul Valery en “Eupalinos o el arquitecto”, libro que alguna vez un intelectual como Lissitzky pudo leer y hacer suyo en alguno de los numerosos viajes que realizó por Europa: “He buscado la justeza en los pensamientos a fin de que, engendrados claramente por la consideración de las cosas, se truequen como por sí solos en actos de mi arte …Cuanto más medito acerca de mi arte, más lo ejerzo; cuanto más pienso y obro, más sufro y gozo como arquitecto; y más me siento ser yo mismo, con una claridad y una voluptuosidad cada vez más ciertas. Me extravío en mis largas esperas; me recobro por las sorpresas que me doy; y por medio de esos grados sucesivos de mi silencio, avanzo en mi propia edificación, y me aproximo a una correspondencia tan exacta entre mis propósitos y mis posibilidades que me parece haber hecho de la existencia que se me dio una obra humana. A fuerza de construir, me parece que me he construido a mí mismo”.

Las imágenes han sido extraidas del catálogo de la exposición

Las imágenes han sido extraidas del catálogo de la exposición “La experiencia de la totalidad” celebrada en el Museo Picasso entre junio y septiembre de 2014

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