La pasión por la tertulia

 “Quien dijo que a España se la podía conocer o construir desde la mesa de un café entre tragos de elixir, no se equivocaba…”

estafeta bertuchi 1

La Real Academia de la Lengua Española define la tertulia como una “reunión de personas que se juntan habitualmente para conversar o recrearse”.

El origen de esta palabra no está del todo claro. Es común la hipótesis que alude a Tertuliano (160-220). Una teoría refiere que adquirió su significado en el teatro español del siglo XVII, lugar en el que dicho término referenciaba un emplazamiento del corral de comedias donde se juntaban los tertulianos que charlaban sin parar durante toda la representación. Tertuliano (así como Cicerón) fue autor recurrente para el hombre culto del Siglo de Oro español. De ahí que pueda ser que a estos charlatanes de teatro se les apodara de tal manera, dada las veces que sus labios pronunciaban tal nombre, y que al lugar se le acabara llamando tertulia, tal como ya definía el Diccionario de Autoridades de 1739 (“En los Corrales de Comedias de Madrid es un corredór en la fachada frontéra al theatro superior, y mas alto à todos los aposentos”. [Lat. Theatri superior specula”], definición que mantiene actualmente la RAE).

De cualquier manera, lo que comenzó en el corredor de la parte más alta de los teatros, acabará buscando un lugar propio en las costumbres españolas, dando lugar a las tertulias de los cafés y las tabernas. Con el paso del tiempo será inevitable asociar a la tertulia otros vocablos como mentideros, casinos, reboticas, librerías, etc.

Su origen español es indiscutible, si bien en la Francia de Luis XIV se daban las rouelles que las Preciosas celebraban en sus alcobas, y que desde 1664 pasaron a llamarse salones, esos en los que durante el siglo XVIII se fraguó el pensamiento ilustrado de la Francia prerrevolucionaria.

En España las tertulias tuvieron lugar en espacios públicos de reunión y en los locales de negocios privados, y así en el Diccionario de Autoridades de 1739 se incluye por primera vez el vocablo tertulia definido como “La junta voluntaria, ò congresso de hombres discretos, para discurrir en alguna materia. [Tertulea. Lat. Dissertorum, vel politicorum hominum congressus, cœtus]“, y más cercano a esta costumbre callejera de a pie añade “Se llama tambien la junta de amigos, y familiares para conversacion, juego, y otras diversiones honestas. [Lat. Hominum familiaris congressus].”

Pero más allá de cultismos, y remitiendo a una cuestión social, la tertulia tradicional reunía a un grupo de ociosos que se juntaba simplemente a opinar, es decir, a matar el tiempo. Dicho de otra manera, “al noble ejercicio para encubrir el ocio con la apariencia de un quehacer laborioso”. Una tertulia implicaba, además, el consumo de bebida, azogue que tiende a enfatizar y exaltar las gargantas mediterráneas. El vino y otros espiritosos serán un gran acompañante, así como el café, convirtiéndose el tertuliano en aquel “que assiste, ò concurre à la tertulia con sus amigos, para divertirse.

Y entraron los Tertulianos, rigidíssimos jueces, que sedientos de Aganipe, se enjuagan; pero no beben. [Lat. Familiaris congressùs socius. ULLOA, Poes. pl. 160]” (en Diccionario de Autoridades de 1739).

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