Arquitectura histórica y arquitectura habitada.

“… entramos en el territorio de la materia que se combina, se alza, se constituye, se construye, toma forma. Arquitectura des­de luego, pero también historia, perfil del hombre, poesía.”  José Ángel Valente.

Picadilly Circus, Londres. Año 2009. Fotografía de A. Ramírez Cardona (Polifemo el Estenotopo).

Picadilly Circus, Londres. Año 2009. Fotografía de A. Ramírez Cardona (Polifemo el Estenotopo).

La ciudad no es sólo un espacio físico, es un paisaje humano de cualidades formales y exis­tenciales, un espacio cultural, habitacional y simbólico de materia pulsante en continua me­tamorfosis, un lugar para la expresión, el apren­dizaje y la convivencia. Por eso, a través de la ciudad construida descubrimos la ciudad habitada.

La ciudad construida queda manifiesta en la ar­quitectura cuando ésta se muestra en su catego­ría formal histórica, que permite apreciar el transcurso del tiempo al quedar aparentemente cristalizada en el momento de su creación.  Esta arquitectura histórica vincula a los habitantes con un lugar y con una vivencia, y al viajero con una época a través de lo estable. La arquitectura se convierte así en materia nostálgica que la memoria re-conoce, asociando formas con recuerdos y conocimientos que transportan al momento de su concepción, desvelando la idiosincrasia de aquella realidad histórica.

Esta misma arquitectura se convierte en arqui­tectura habitada cuando trasciende la cualidad material para ofrecer un universo simbólico, desnudándose para mostrar el territorio de lo espiritual y lo poético asociado a la cotidianidad del presente, que es la suma de todos los ayeres. Es así como nos habla de la sociedad que la transforma, del ser humano que la habita, de las costumbres que la amueblan y de las aspiraciones que la em­bellecen. En estos elementos reactivadores del espacio es donde aparecen los matices, donde se encuentra la esencia de las ciudades y, por lo tanto, su atractivo.


Piccadilly Circus se construye en 1819 como intersección de calles que posibilitaba la conexión entre Regent Street y la zona de compras. El flujo de tráfico tan intenso y el paso continuo y numeroso de personas lo convirtió, casi desde su origen, en lugar favorito para publicitarse. Desde mediados del siglo XX se consolidó como lugar de encuentro, y poco después como imprescindible atracción turística.
Hacia 1960. Postcard published by The Photographic Greeting Card Co. Ltd. of London.

Hacia 1960. Postcard published by The Photographic Greeting Card Co. Ltd. of London.

Años 20 del siglo XX. Fotógrafo George Davison Reid.

Años 20 del siglo XX. Fotógrafo George Davison Reid (Museum of London).

Entre 1890 y 1900. Fotógrafo Otto Herschan.

Entre 1890 y 1900. Fotógrafo Otto Herschan (Getty Images).

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2 respuestas a Arquitectura histórica y arquitectura habitada.

  1. luisoj dijo:

    Muchos han debido decirlo antes pero para mí la ciudad es el supremo artificio, la demostración palpable del deseo de la humanidad de compartir el mundo y la vida. En su Diccionario de las Artes, Félix de Azúa escribe que la ciudad concebida como obra de arte no es una idea del siglo XX, y por tanto ni de la Escuela de Frankfurt ni de Walter Benjamin. Para argumentarlo recurre al apóstol Juan cuando tuvo una visión (alucinación diría yo) de Jerusalén descendiendo del cielo:
    “[…] Su brillo era semejante a la piedra más preciosa, como la de jaspe pulimentado… Las doce puertas (de la ciudad) eran doce perlas, cada una de las puertas era de una perla, y la plaza de oro puro como vidrio transparente […]”. Como vemos, coincide con la visión del skyline de Manhattan y de la foto nocturna de Picadilly Circus en este post (grúas incluidas).

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  2. Muchas gracias por el comentario, Luis. Estoy de acuerdo contigo en cuanto que la ciudad es una asombrosa creación, que demuestra la búsqueda del hombre por adecuarse, desde su frágil condición, al mundo. Hace poco leía Viaje por Italia de Hippolyte Taine, y me llamó la atención las conclusiones que sacaba sobre la ciudad en su visita (y descubrimiento personal) de Pompeya. Aplaude la ciudad como el gran invento mediante el cual el hombre ha salido del salvajismo primitivo, y que surge porque al hombre le resultaba extraño, peligroso o enemigo el resto del universo, pues no tiene en él ningún derecho ni seguridad, por lo que la ciudad era necesaria como refugio o fortaleza frente al universo. Y (tal como hacemos todos) ensalza el pasado (ese pasado de civilizaciones histórico-míticas) diciendo que, entonces, el concepto de ciudad debió producir en las almas antiguas una sensación única que era fuente de emociones y de sacrifico, algo que hoy día no se entendería (su hoy día es el siglo XIX) porque para lo que los antiguos es el concepto de ciudad (su patria, de la que hacen su joya y su joyero), para nosotros es una organización administrativa de edificios suntuosos, de casas amontonadas sin fin, donde la vida proviene de una oficina en la que hay papeles y empleados. En cualquier caso, parece que las grúas son intrínsecas al skyline de las ciudades. En Picadilly, aparecen también en la foto de comienzos del siglo XX.

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