Dámaso Ruano (Primera parte: El paisaje y la poética de la geografía)

(Tetuán, 1938 – Málaga, 2014)

 “Era un niño y me escondía debajo de la mesa para pintar la tabla por debajo” (D. R.)

 Tetuán es la cuna del pintor Dámaso Ruano. Allí nació y allí comenzó su trayectoria artística. Tras realizar sus estudios en Madrid, regresó en 1958 a su ciudad natal, donde ocupó su tiempo trabajando como profesor de dibujo y creando e investigando en su estudio, ubicado en una azotea de la medina. Como pintor de la Escuela de Tetuán tuvo la oportunidad en la década de los 60 de mostrar su obra en exposiciones celebradas en la ciudad, en Rabat y Casablanca. Según Carlos Areán “Era el vanguardista más inquieto entre todos los españoles de aquella escuela… En aquel entonces la neofiguración de Dámaso Ruano era más bien paisajista y bidimensional” (1970).

El paisaje marroquí llenó sus lienzos, en los que “las formas se estiraban de igual manera que un campo de Castilla o una de las desnudas zonas desérticas marroquíes al sur de Uarsasat” (C. Areán), ya encaminado hacia la simplificación de la realidad y la búsqueda de lo esencial. Será tras su llegada a Málaga, en 1969, cuando esta inquietud le conduzca a la abstracción del paisaje y a la experimentación con la espacialidad, con la ruptura de lo bidimensional. Para ello juega con texturas, con formas cromáticas, con collages, con rasgaduras, consiguiendo una obra muy personal e intimista que se apropia del espectador haciendo de los espacios creados universos habitables, transmisores de emociones, en los que (tal como escribió Antonio Gala de su obra) “hasta la geometría se vuelve cordial”.    

Taró (1993) II Óleo / lienzo (100 x 100 cm). Donado al Ateneo de Málaga en 1995.

Taró (1993) II Óleo / lienzo (100 x 100 cm). Donado al Ateneo de Málaga en 1995.

La poética de la geografía: orillas y horizontes de Dámaso

Paisajes razonados, configurados por una relación dialéctica y armoniosa entre formas de una gran rotundidad geométrica y la sutilidad cromática de sus fondos de lírica y sensual belleza, logrando atmosféricas tonalidades de brillante luminosidad. Lejos de una racionalidad fría, las composiciones ofrecen una calidez que invita a la contemplación sosegada de la mirada, ensimismándose en las amplias superficies de color, cuyos bordes del perfil recto al sinuoso e irregular recrean una suerte de horizontes que de forma distinta delimitan o abren paisajes, configurando una poética versión de orografías llanas o accidentadas”. Fernando Martín Martín (2011)

El paisaje africano y el paisaje malagueño se convierten en mundos interiores cuyas geografías físicas y emocionales componen el atlas vital del artista. Los horizontes que pertenecen a su mirada se transforman en horizontes del alma, en orillas donde comienza o acaba la entelequia de una indagación: la del propio artista en su ambición creativa y esa inevitable e inconsciente búsqueda innata al ser humano.

Las personalidades del Sáhara o del Mediterráneo, lugares habitados por Dámaso y que habitan en él, se plasman en el lienzo a través de líneas: fuertes como las de una muralla o una kasbah, rotundas como los horizontes de tierra y de agua; líneas teñidas por los colores de la tarde, de la lluvia o del desierto que visten paisajes tan reales como espirituales.

El paisaje pierde sus referencias visuales, pero se descubren de manera evidente. Se difuminan hasta la abstracción en un proceso intelectual de geometrías y colores que le conduce a la consecución de formas puras. Y siempre la sensación de un arriba y un abajo en esa infinita línea de horizonte que parte el lienzo visual y espacialmente.

La geografía es, en la obra del artista, materia poética y metafórica.  La estratigrafía son los versos que la dibujan, el cromatismo su musicalidad. Su serie Sahel, de mediados de los 90, nos conduce al norte africano, a la luenga línea que cruza el continente del Atlántico al mar Rojo. Una línea acariciada por el mar de arena del desierto del Sáhara, tal como transcribe el significado del propio termino árabe, sahel, borde o costa donde se encuentran el desierto y la sabana.

Una palabra de origen fenicio y esencialmente malagueña da nombre a su obra Taró, cuyo significado abarca la inmensidad de la niebla espesa que hace invisible la costa malacitana. El aire cálido procedente de la otra orilla de Dámaso, la africana, atravesando un mediterráneo llamado Alborán, llega hasta esta otra orilla del pintor durante el verano y en los albores del otoño. En su lienzo, como en la costa, suenan las sirenas de los barcos.


(Texto de la sección Galería Ateneo, publicada en Magazine Ateneo de Málaga, junio 2014)

Continúa en: Dámaso Ruano, dimensiones de la abstracción (segunda parte)

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2 respuestas a Dámaso Ruano (Primera parte: El paisaje y la poética de la geografía)

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