El banco de Samuel Beckett

«Uno viaja para ver. Yo, como no puedo ver, sólo voy a sitios que conozco. Mis viajes ahora son hacia el interior…» (Beckett desde Tánger a Mira Averech)

Fotografía de François-Marie Banier. Samuel beckett en Tánger en 1978.

Fotografía de François-Marie Banier. Serie de fotografías de Samuel Beckett en Tánger en 1978.

De todos los escritores del siglo XX que pasaron por Tánger, Samuel Beckett (1906, Dublín –1989, París) fue quizás el único que no necesitó consumir Tánger ni consumirse en ella para viajar por su propia existencia.

El escritor y su esposa (Suzanne Déchevaux-Dumesnil, compañera inseparable en su vida hacía ya tiempo), viajaron a menudo a Tánger durante los 70 y los 80. Un viaje en la veteranía de la vida en busca de salud física y mental, a una ciudad en la que Beckett sentía fortalecer su estado de ánimo, y que le permitía dedicarse a escribir, ajeno a la intensa vida social parisina, sin las siempre indeseables interrupciones y aconteciendo en un tiempo que se dilataba diariamente.

Refugiado en su habitación se dedicaba a traducir sus libros, a rehacer textos y crear originales, como la obra teatral That Time, escrita entre los veranos de 1974 y 1975 y estrenada un año después en Londres, o las adaptaciones de Happy Days y Waiting for Godot para su puesta en escena en Londres y Berlín en 1979.

En la calle llenó las horas disfrutando de otro placer que le acompañó siempre: pasear. Fue desde la juventud una de sus grandes evasiones; entonces era capaz de caminar durante horas. En una carta escrita en los años 30 a Thomas MacGreevy le dijo que “caminar tanto me salva de la masturbación”. Los paseos tangerinos de senectud, tal como reflejan las cartas a los amigos, responden de alguna manera a la misma necesidad: alejarse de sí mismo, descansar de uno mismo y, quizás, reconciliarse.

Paseaba relajado, al ritmo que marcaba la realidad de una cultura distinta a la suya. Paseaba anónimo, con sensación de libertad, cegado por el sol de la bahía y de las anchas avenidas de la ciudad moderna como el Boulevard Pasteur, y por los fuertes contrastes claro oscuro de las estrechas callejas de la medina, amparado por una suerte de ceguera que le posibilitaba no reconocer a los escritores y personajes de la bohemia de la ciudad, en esa ceguera misántropa que busca la evasión en el aislamiento. Aún en las décadas de los 70 y 80, era fácil cruzarse con personajes de la vida cultural marroquí, europea y norteamericana. Se propiciaban encuentros que alimentaban el cotidiano de los creadores. A Beckett no le interesaba. Su Tánger transcurría en otro existencialismo.

“vieil aller / vieux arrêts / aller / absent / absent / arrêter”

(“viejo ir / viejas pausas / ir / ausente / ausente / pararse”)

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Uno de los lugares de la ciudad que Beckett disfrutó especialmente, fue el cementerio de la iglesia anglicana de Saint Andrew, allí ubicado desde 1902, donde en su origen ondeó la bandera escocesa. Un lugar aislado tras el muro dentado, ajeno al bullicioso entorno, silenciado por la naturaleza, verde y pétreo, estático, fresco, apenas concurrido pero lleno de historias personales que son crónicas singulares y atractivas de la historia de Tánger desde finales del siglo XIX.

03

ne manquez pas à Tanger / le cimetière Saint-André / orts sous un fouillis / de fleurs surensevelis / banc à la mémoire / d’Arthur Keyser / de coeur avec lui / restes dessus assis”

(“no olvidéis en Tánger / el cementerio de San Andrés / muertos amortajados/ bajo una maraña de flores / banco en memoria / de Arthur Keyser / de corazón con él / te quedas sentado”)

“plus loin un autre commémore / Caroline Hay Taylor / fidèle à sa philosophie / qu’espoir il y a tant qu’il y a vie / d’Irlande elle s’enfuit aux cieux / en août mile neuf cent trente-deux”

(“más lejos otro conmemora/ a Carolyn Hay Taylor/ fiel a su filosofía / que esperanza hay mientras haya vida / de Irlanda huyó a los cielos / en agosto mil novecientos treinta y dos”)

Estas “mirlitonade” (como él denominaba a las breves notas que tomaba en sus cuadernos), están escritas entre los años 1976 y 1978, durante las visitas que realizaba al cementerio.

04

Allí hay unos bancos de piedra blanca en los que le gustaba sentarse. Están orientados al norte, desde los que se observa el templo y una zona de tumbas donde destaca la de Walter Burton Harris, corresponsal de The Times, uno de los protagonistas más curiosos de Tánger, cuya presencia en la ciudad se prolongó desde 1887 hasta su muerte en 1933.

Sentado en alguno de ellos, Beckett se convertía en un habitante más dentro del cuadro que Matisse pintó en 1913 desde la ventana de la habitación número 35 del Hotel Villa Francia. Allí podía permanecer tiempo, como Vladimir esperando a Godot, aceptando el tedio de la existencia y abandonado “a la larga pereza de Tánger“, como refería en una carta en 1975 a Key Ball,  “durante la cual la cabeza bosteza desconectándose y ya no se la escucha”.  Quizás para volver a pensar que “…mañana seguro que sí“, y de nuevo, emprender la marcha sin moverse de aquel banco.

“…restes dessus assis”

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Henry Matisse, 1913. Desde el Hotel Villa Francia. The Pushkin Museum of Fine Arts, Moscú.

Henry Matisse, 1913. Desde el Hotel Villa Francia. Tras la iglesia de Saint Andrew se ve la medina antigua amurallada con los alminares de la mezquita de la kasbah y la mezquita mayor (yamaa al kebir). The Pushkin Museum of Fine Arts, Moscú.


La traducción “the long Tangier sloth during which the head yawned itself off and has not been heard of since», no sé si sería la correcta, pero supongo que se aproxima a lo que quiere decir. El traductor Simon Levi traduce la última parte como “ya no deja rastro“.

El escritor Tahar Ben Jelloun, uno de los protagonistas de la Tánger literaria de las últimas décadas del siglo XX, escribió en 2013 Beckett et Genet, un thè a Tànger, comedia donde crea una ficción en la que Genet invita a Beckett (que no habían compartido en la vida real) al café Haffa, donde esperan la posible visita de su amigo Giacometti, que nunca llegará.

Una de las referencias consultadas de fácil acceso en la red:

http://revista.legadoandalusi.es/n40_revista_el_legado_andalusi/el_viajero_historico/samuel_beckett_en_tanger.html

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Una respuesta a El banco de Samuel Beckett

  1. luisoj dijo:

    Enternecedor post sobre una bekecttiana Tánger casi inexistente.

    Le gusta a 1 persona

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