Teclas de piedra, por Sergio Barce.

TÍTULO, Vicente López de Arroyabe,

Serigrafía de Vicente López de Arroyabe, 1979.

Para sus borradores, utiliza una vieja Underwood. Luego los corrige a mano, con un lápiz del 2, y sólo cuando está seguro de tener el texto definitivo lo pasa al ordenador y lo remite vía email al periódico. Pero también usa la máquina heredada de su padre para escribir cartas personales e íntimas, como la que está tratando de redactar esta noche desde hace ya más de cuatro horas.
Sólo ha de escribir una frase. Sería suficiente. Sin embargo, el teclado se resquebraja bajo sus dedos y la Underwood comienza a transformarse en una especie de figura deforme e intratable esculpida en piedra. Ha intentado presionar las teclas, de pronto sin caracteres, salvo un par de ellas con la O y la W aún reconocibles refugiadas en una esquina. Es desesperante no poder escribir absolutamente nada.
No suele beber, pero ya lleva media botella de bourbon e, incluso, ha echado mano de la maría que guarda de reserva; fuma, pero no es suficiente para darle las fuerzas necesarias con las que dirigirse a Estefanía y desvelarle la situación. Las cuatro hileras de teclas se han multiplicado a siete, amenazantes, y las grietas crecen igual que la sombra tenebrosa de un árbol seco. Se siente como si fuera William Lee, y ve, en la pared de enfrente, un gusano negro y baboso que se desliza lentamente y no lo deja concentrarse. Baja la mirada. Hay un espanto en el teclado.
Por fin, cree haber logrado hilvanar dos frases completas: Estefanía, me confirman que sólo me queda un mes de vida. Es mejor que no vuelvas.
Atónito, oye crujir la piedra, un grito apagado pidiendo auxilio. La O y la W siguen ahí, aisladas del mundo. Clava sus pupilas grises en la hoja y no encuentra las palabras escritas a su amada hace apenas un segundo. Las lágrimas le borran el futuro, y un viejo desconocido que huele a humedad y a olvido lo mira fijamente, sentado en el sillón de la estancia. Instintivamente, empuja la palanca del carro con una determinación de ira, decidido a bajar a la siguiente línea donde sí cree que por fin logrará redactar algo, pero el papel se atraganta y se desvanece como humo, y el carro se deforma, combándose a la izquierda, derretido por la desesperación, como si fuera de gelatina.
La vieja Underwood ya sólo es un fósil. Y, de pronto, es más consciente que nunca de que él también acabará siéndolo muy pronto cuando, al mirar a la máquina, descubre que sus manos ya no se mueven y que también se han solidificado, aplastadas contra las teclas por el insoportable peso de las frases que ya nunca podrá escribir.

Sergio Barce, noviembre 2014.

El blog de Sergio: https://sergiobarce.wordpress.com/


La obra de Vicente López de Arroyabe pertenece a la carpeta Ciudad del Paraíso, homenaje a Vicente Aleixandre. Con 12 serigrafías de los artistas José Aguilera, Gabriel Alberca, Rodolfo Álvarez Santalo, José Bonilla, José Díaz-Oliva, Vicente López de Arroyabe, Diego Santos, Pedro Maruna, Joaquín de Molina, José Parras, Francisco Peinado y José Quero. Editado por la Diputación Provincial de Málaga en 1979. Incluye un poema autógrafo del poeta y estudio de Manuel Alvar. Se tiraron mil carpetas, de las cuales las 150 primeras llevan los dibujos firmados y numerados por los autores. Ésta es la número 35, donada al Ateneo de Málaga.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en LA POÉTICA DE LA MATERIA y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Teclas de piedra, por Sergio Barce.

  1. ¿Era tuya la serigrafía? Me recuerda la máquina con la que yo aprendí a escribir en 1968. Algún día escribiré sobre ella. No tenía cinta.

    Le gusta a 1 persona

    • La verdad es que la máquina de la serigrafía se parece a las underwood que refiere el escritor, Sergio Barce, pero las de finales de siglo XIX y principios del XX. Yo aprendí con una máquina de escribir olivetti, y ya en la universidad llegó la eléctrica.

      Me gusta

  2. Pingback: “TECLAS DE PIEDRA”, UN RELATO DE SERGIO BARCE | Sergio Barce

  3. miquelferia dijo:

    Sergio Barce, en su blog, hace referencia al “mundo de sueños y pesadillas” de Burroughs para escribir este relato basado en la litografia de Vicente López y lo hace con la maestria a la que nos tiene acostumbrados. Yo aún diria más: en un guiño a Kafka, nos imbuye en una serie de sensaciones petreo metamórficas que no dejan indiferente al lector.
    Jose Miguel Feria

    Le gusta a 1 persona

  4. María Sibari dijo:

    El relato encaja perfectamente con la foto de la máquina de sarigrafia, es como si ésta fue hecha especialmente para el relato y no el revés. Chapeau Sergio!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s