Emilio Blanco Izaga. Arquitectura en el Rif (Primera parte)

“Las texturas izaguianas hilvanan con pinceles llenos de contrastes la cromática acuarela de un Rif que ya sólo existe en el atlas de los arcanos”. Vicente Moga Romero

SONY DSCAusente del mundo en el agreste Rif, sorprende encontrar inciertas construcciones desperdigadas por esta geografía cuyos diseños provocan extrañeza, despiertan curiosidad y cuestionan la lógica. Una arquitectura que pertenece a un pasado más incógnito que remoto, de cualquier tiempo a la par que de ayer. Parece autóctona, pero algo en el diseño lo vincula a otras circunstancias. Su paleta de color la camufla en el entorno: blancos, rojo granate y arcilla, negros, verdes, amarillos y ocres, la misma gama que atempera el paisaje rifeño. En tonalidades de carácter fuerte, casi violento, como el mismo Rif. Funcionalmente responde a diversos usos de carácter público, salvo alguna excepción de vivienda. Son edificios administrativos, de infraestructuras y de uso social.

El primer referente formal que sugiere la observación de esta arquitectura nos transporta a las kasbas y los ksur de las tribus bereberes del Atlas. Por viajar un poco, referiría entre otros, los valles del Dra, del Dades o del Mgum en el Alto Atlas, con notables ksur como el de Kelaa M´Gouma y el de Ait Youl. En la provincia de Uazazate, algo más al sur, sirve de referencia el ksar Ait Ben Haddou, protagonista de tantas películas, o la kasba de Taurirt, en el mismo Uazazate. Incluso podríamos descender hasta el Anti-Atlas para llegar al valle de Ameln, y visitar enclaves de esa tribu bereber, como el de Umesnat.

1280px-Atlas-Mountains-Labeled-2En estos ksur destacan los volúmenes cúbicos de las torres, con sus característicos muros en talud, rematados por esquineras y almenas dentadas que recuerdan la silueta de un zigurat, y que para los bereberes tienen la función de ahuyentar los malos espíritus. Las casas rematan en terraza, sobrepasando levemente el muro de fachada con una plana visera. Es característica la variedad tipológica de vanos: sencillas aspilleras; ventanas alargadas y estrechas que en la parte superior se reducen en aspillera; ventanas dentadas en la parte superior, o cuadradas de distintos tamaños, que visualmente se disponen de manera aleatoria en los alzados. Como elemento decorativo es usual el sencillo retranqueo del muro en torno a portadas y ventanas. En la parte alta de los principales edificios del ksar, se acumula la decoración de motivos geométricos, que se repiten creando bandas y tramas. Bien se esgrafían los motivos, se horadan como bajo relieve, o se crean con ladrillo de adobe. A veces incluso se pintan. En la zona del Anti-Atlas se estila el revoque de color ocre o rojizo en paramentos, mientras el contorno de ventanas y puertas se pinta de blanco.

Mehacama de Alhucemas.

Mehacama de Alhucemas.

Otra vinculación que encontramos en esta confinada arquitectura rifeña, es con la arquitectura vernácula. La casa rifeña y los morabitos, de lenguaje formal sencillo y de soluciones prácticas, que en ciertos aspectos remite a la de los bereberes presaharianos. La decoración está siempre presente, no sólo en la arquitectura, también en la cerámica, tejidos y tatuajes. Se elabora a base de motivos geométricos dibujados u horadados, creando series lineales o tramas, como las típicas vigas talladas de las casas o los huecos cuadrados y triangulares que se sitúan bajo la cornisa.

Mezquita de Sneda.

Mezquita de Sneda. (Archivo General de Melilla. Fondo E. Blanco Izaga).

Actual aspecto de la mezquita de Sneda.

Actual aspecto de la mezquita de Sneda.

Con estos referentes, parece indudable que, formal y estéticamente, esta arquitectura rifeña obvia lo árabe y andalusí, tan usual en el norte de Marruecos, y busca lo bereber, identificando arquitectura y territorio. Esta idea se hace evidente en las mezquitas (Axdir, Imzuren, Sneda o Al Hoceima), cuya estética pretende acercarse a la religiosidad bereber, que sincretiza el culto islámico con sus creen­cias. La atención se centra en el alminar, elemen­to obligado en el templo musulmán. Aquí es donde se descarga la fuerza decorativa de referencia bereber y se pronuncia el talud de sus muros, borrando la estilización habitual de estas torres. El tiempo ha borrado en muchas de ellas estas pretensiones estéticas, desvirtuando su intención.

Actual aspecto de la mezquita de Alhucemas.

Actual aspecto de la mezquita de Alhucemas.

Pero hay algo más en esta arquitectura, porque en el uso de estas referencias se aprecian evidentes interpretaciones. El lenguaje bereber queda matizado por un aire vanguardista que nos evoca las tendencias europeas de las décadas centrales de la primera mitad del siglo XX. Hay una limpieza racionalista en la volumetría que concuerda con la arquitectura de los ksur. Pero sobre todo está presente el art decó, no sólo por la cuestión estilística, también por la voluntad de recuperación de arquitecturas primitivas, que implican simplicidad conceptual, espontaneidad creativa, formas geométricas básicas, juegos de aparentes asimetrías. Lo primitivo bereber aparece mezclado con motivos que recuerdan a las culturas precolombinas e incluso al Egipto faraónico, tan en boga en el estilo decó por los continuos hallazgos arqueológicos de la época. Curiosamente, los bereberes (imazighen en su lengua), ubican su origen en el Antiguo Egipto, iniciando el calendario en el 950 a.C., cuando el bereber Sheshonq I se convirtió en faraón, fundando la dinastía XXII. También están presentes las culturas clásicas de la Antigüedad, en el uso, por ejemplo, de columnas y arcos de medio punto, y de motivos decorativos como ajedrezados y grecas. En el caso de la Oficina de Inter­vención en Axdir, se respira la vinculación con el arcaísmo del orden dórico griego, por la mesura y la con­cepción monumental de los elementos estruc­turales. Si bien no usa la columna, los pilares con sus capiteles cuadrangulares y basas de doble altura, de alguna manera, evocan esa antigüedad mezclada con el art decó, que junto a la paleta de color, transporta hasta Knossos.

SONY DSCEn la estación elevadora de agua que se encuentra en la montaña (Adrar) Sedum, además de las influencias de la arquitectura tribal del Atlas y de refe­rencias precolombinas, se hace evidente la influencia del europeo art decó. La serie de viviendas de Beni Bufrah mezcla la arquitectura morabítica de la zona con un inci­piente racionalismo y un somero, pero eficaz, art decó.

Estación elevadora de Adrar Sedum.

Casa jardín en Beni Bufrah.

Casa jardín en Beni Bufrah.

También hay una serie de sencillas construcciones donde se refuerza la presencia del lenguaje de los estilos europeos sobre la predisposición primitivista, incluso se hace evidente la estética de la máquina.

En la actualidad, muchas de estas construcciones o han sido alteradas o sólo pervive la memoria, fosilizada en papel fotográfico.

Puesto sanitario de Tzenin de Ait (Beni Urriaguel) (Fotografía tomada del libro de V. Moga Romero).

Puesto sanitario de Tzenin de Ait (Beni Urriaguel) (Fotografía tomada del libro de V. Moga Romero).

Posible oficina del zoco El Jemis de Anyera. (Fotografía tomada del liro de V. Moga Romero)

Posible oficina del zoco El Jemis de Anyera. (Fotografía tomada del liro de V. Moga Romero)

Esta es la arquitectura de Emilio Blanco Izaga (1892-1949), que desarrolla en la década de los 30 y los 40 del siglo XX en la actual provincia de Al Hoceima. En ella, hay una intención de generar claves formales que, de alguna manera, unifique simbóli­camente al pueblo rifeño a través de lo que él llama supervivencia de la costumbre (que algu­nos historiadores denominan lenguaje óptico), pues carecían de una arquitectura propia y, por lo tanto, de una estética identitaria. Su personalísima interpretación estética propone la búsqueda de una identidad rifeña a través de la berberización de la arquitectura, entendiendo al rifeño como subgrupo dentro de la raza bereber. Para ello incide en la importan­cia de llegar a la auten­ticidad de esta cultura investigando sus orí­genes preislámicos. Esta arquitectura está inserta en la realidad personal de Blanco Izaga, por lo que se convierte en la manifestación de una voluntad y un ideario que, además, no está exento de la influencia de las tendencias artísticas europeas coetáneas.

Emilio Blanco Izaga desembarcó en 1927 en la actual el-Jehba (entonces Punta de Pescadores) para ejercer de interventor en diversas zonas de la región del Rif durante el protectorado español en Marruecos, cargo que desempeñó hasta 1944. “Con su flamante nombramiento en el bolsillo del uniforme y un escueto equipaje cargado de expectativas”, este vasco de espíritu y formación militar, se dispuso a ejercer su labor colonizadora como representante del poder político español. Durante casi dos décadas. “Con un lápiz y un cuaderno, toneladas de objetividad y al mismo tiempo de pasión”, se adentró en el mundo bereber, que más allá de la islamización, mantenía sus rasgos propios en costumbres, creencias, lengua propia y organización social. A través de la observación y el estudio, Blanco adquirió un profundo conocimiento que se transformó en respeto y aprecio. El Rif acabó convirtiéndose en su razón de ser. En él descubrió un mundo que terminó por seducirle. Su pasión por esta cultura le llevó a desarrollar facetas de antropólogo, etnógrafo y arquitecto. Tuvo alma de artista, o más bien, tuvo alma y necesidad creativa. El Rif “representó para él la territorialización de su imaginario, una seducción conformada por un mestizaje de sentimientos e identidades”.

La arquitectura de Emilio Blanco Izaga es única, un legado histórico que sólo existe en este lugar del mundo: el Rif de la región de Al Hoceima.

Bibliografía específica:

“La eclosión de una inaudita arquitectura rifeña”, de Antonio Bravo Nieto, en La Atlántida rifeña de Emilio Blanco Izaga (ISBN: 978-84-15891-13-0), una edición de V. Moga Romero.

El mejor conocedor de la obra de Emilio Blanco Izaga y de su persona, es el historiador Vicente Moga Romero. Investigador y gran documentalista de pluma deliciosa. En su magnífico libro El Rif de Emilio Blanco Izaga. (Ed. Bellaterra – UNED Melilla, Melilla, 2009), queda recogido todo el legado de este “humanista”. Es una inmejorable publicación de lectura apasionante, con reproducciones de los cuadernos de Blanco Izaga (notas y dibujos), con fotografías y documentación gráfica abundante. Un ejemplar imprescindible en mi biblioteca (las citas del texto se han extraído del libro).

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10 respuestas a Emilio Blanco Izaga. Arquitectura en el Rif (Primera parte)

  1. luisoj dijo:

    Los buenos arquitectos siempre son, por fortuna, grandes humanistas.

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  2. Me hiciste querer viajar ya mismo a Marruecos… lo tengo pendiente.

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  3. iago lópez dijo:

    Fascinante y desconocido (par mi). Espero impaciente la segunda parte

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  4. Pingback: Emilio Blanco Izaga. Arbaá Taurirt (2ª parte). | Los colores de la memoria

  5. Carmen dijo:

    Me encanta y me emociona como nieta de Emilio Blanco Izaga!!!!

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    • !Qué grata sorpresa! Muchas gracias, Carmen. Pues somos unos cuantos enamorados del trabajo de tu abuelo. Es imposible no quedar fascinado. Supongo que a Vicente Moga lo conoces y el magnífico libro (Él Libro) también. Me has dado una alegría. La idea de esta entrada era dar a conocer el trabajo de tu abuelo en las redes, que apenas sale de las mesas de los estudiosos. Y mira dónde llega.

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  6. Francofonia dijo:

    Claro que conozco a Vicente Moga. Hace bastantes años que mi padre, Agustín Blanco Moro (93 años y con una gran memoria y admiración por su padre Emilio), se puso en contacto con Moga. Por cierto le he enseñado tu blog y tu entrada sobre Emilio Blanco Izaga. Arquitectura en el Rif, y está realmente emocionado y orgulloso de que se empiece a conocer el trabajo de su padre.
    Estoy difundiendo tu blog entre mis conocidos, compañeros de trabajo, profesores de historia mediante las redes sociales. Gracias!

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    • “Con un lápiz y un cuaderno, toneladas de objetividad y al mismo tiempo de pasión”, si no me equivoco, esta frase es del texto que tu padre escribió para el libro de Vicente Moga sobre tu abuelo, la elegí por la sencillez y la poesía con la que dice tanto sobre su forma de ser. Me gusta mucho ese libro, una puesta en valor magnífica de su trabajo y su persona. Me alegra muchísimo poder colaborar en la difusión del trabajo de tu abuelo, desde la divulgación, que los estudiosos son Moga y Bravo Nieto, pero falta divulgación, porque se va a perder su legado. Muchas gracias, un placer y una sorpresa saber que hijo y nieta de Blanco Izaga han pasado por el blog.

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