El azar que los libros deparan. Parafraseando a Borges.

“Yo he pensado alguna vez, escribir una historia del libro. No desde el punto de vista físico. … sino las diversas valoraciones que el libro ha recibido”. El libro, en Borges oral. J. L. Borges

yo - copiaAsí como Schopenhauer pensaba que sueño y vigilia son hojas de un mismo libro, o Galileo entendía el universo como un libro infinito y Carlyle lo hacía con la historia universal, hablar de libro, es hablar de la vida, del universo y de la historia universal. Un solo libro abarca ya en sí mismo la infinitud y la grandeza que comparten las otras realidades.
El concepto de libro de arena (ése que, como la arena y esas realidades, no tiene ni principio ni fin), es atribuible a cualquier libro, en la medida que se convierte en un diálogo sin fin según la manera en que es leído, es decir, apenas que se abre ante los ojos de un nuevo lector, o ante la nueva mirada del mismo lector. El libro muta como muta la vida, el universo y la historia universal. Mutan y permanecen. Y esas son también sus dos magnánimas cualidades. Las que provocan que el lector, al acercarse a él, tenga un viaje exterior en esa mutabilidad, y un viaje interior a través de la permanencia. Pero además, al ser leído, el libro cobra vida. Como buen compañero,  su conversación es acicate para el pensamiento, coctelera para la emoción, ruta hacia la curiosidad, mapa del conocimiento, carambola para la imaginación, y, como viaje en sí mismo, es uno de los placeres del hecho estético.

Dicen que el libro se hizo para extender la capacidad de la memoria, convirtiéndose en un palimpsesto de la historia de la humanidad y en el reflejo de cada uno de sus actores. Pues bien, de los diversos instrumentos que ha creado el hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro; ese instrumento, como afirma Borges, sin el cual no puedo imaginar mi vida; ese laberinto cuyos recorridos conducen a multitud de mundos; ese eco de voces que te permite conversar con las mentes más extraordinarias que la humanidad ha producido; ese espejo que posibilita compartir con quienes te llevan mil años, para descubrir, sencillamente, que somos el mismo. Como si todos los libros del mundo estuviesen escritos por una sola persona, la misma Señora Humanidad.

Tan sólo el gesto de tomar un libro y abrirlo, dice Borges, es una de las posibilidades de verdadera felicidad que tenemos las personas.


Del origen de este texto (que aleatoriamente recoge ideas borgeanas) hace ya un año. Surgió como respuesta a la lectura de interesantes propuestas de dos blogueros: la conferencia Maldita Lectura de Luis Ordóñez, y la entrada Si lo dice Carl Sagan… de Borgeano. Aprovechando el día del libro, lo rescato, porque no lo publiqué entonces.

En Borges, algunas de las referencias utilizadas:

  • En Otras inquisiciones: La flor de Coleridge, El tiempo y J. W. Dunne, Kafka y sus precursores, Nota sobre (hacia) Bernard Shaw, El culto de los libros, Magias parciales del Quijote.
  • En Textos Cautivos: J. W. Dunne y la eternidad, Cuando la ficción vive en la ficción.
  • En Borges oral: Prólogo, El libro.
  • En Ficciones: La Biblioteca de Babel, El jardín de los senderos que se bifurcan.
  • En El libro de arena: El libro de arena.
  • libro arena 2
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6 respuestas a El azar que los libros deparan. Parafraseando a Borges.

  1. Disculpa, Mónica, pero ¿Cómo se llama el libro que ilustra, subrayado, tu artículo?

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  2. Victor Perez dijo:

    Rico artículo, buen aperitivo y suculento sustento para invadirse de lecturas, muy bien Mónica

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  3. Borgeano dijo:

    Impecable, como siempre, Mónica. Un texto somero y lúcido que se agradece (también, en particular, la mención a aquella vieja entrada en mi blog, cuyo nombre hace clara referencia a ese libro de Borges que mencionas). Sí, todos estamos de acuerdo en que el libro es uno de los instrumentos más sorprendentes y maravillosos que ha creado el hombre; y Borges es uno de los hombres que mejor uso el ha dado. Demos gracias por vivir en una época donde, al menos por un tiempo, fuimos contemporáneos de semejante genio.

    Un fuerte abrazo y gracias, nuevamente.

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    • Hola Borgeano, muchas gracias, no hace falta que te diga que has sido uno de los trampolines desde el que salté a este mundo del blog, qué curioso, ¿no? tan lejos en el espacio y aparentemente anónimo, y sin embargo, confluyen los estímulos sin fronteras. Es magnífico el invento de las redes. Llevo un par de meses absorbida por el mundo real, espero retomar de nuevo la lectura de vuestros blogs y la escritura del mio, aquella rutina placentera del intercambio… Gracias por pasarte por aquí.

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