Le Corbusier. Rue de Sèvres.

Atelier 35 rue de Sèvres, Paris. Le Corbusier et ses collaborateurs. (Fuente: https://thecharnelhouse.org)

Atelier 35 rue de Sèvres, Paris. Le Corbusier et ses collaborateurs. (Fuente: https://thecharnelhouse.org)

Al llegar a París, había ido directamente al taller de Le Corbusier, situado en el sexto piso de la Rue de Sèvres, donde el gran arquitecto trabajaba en un tremendo desorden de escuadras, reglas, lápices puestos en vasos, rollos de papel-calco parados en los rincones, copias de planos al ferroprusiato, fotografías recortadas, caballetes de pintura, telas arrimadas de cara a las paredes, revistas tiradas en arcaicas mesas de delineante. Todo lo contrario de lo que yo hubiese esperado de un hombre tan dado a la exactitud, el orden, el horror al “espacio perdido”. A la vez acogedor y distante, atento y replegado -aunque punzante en sus observaciones, intransigente en sus teorías, capaz de una concentración extrema cuando maduraba una idea-, Le Corbusier me hizo trabajar a su lado durante meses, aunque, a decir verdad, no era un hombre que irradiara el entusiasmo. Su frialdad de relojero suizo (por algo era de La-Chaux-de-Fons) era conturbada, en esos días, por el pesimismo de quien se sentía rechazado por un espíritu francés que, dándoselas de cartesiano, quedaba muy apegado, en realidad, a una arquitectura Segundo Imperio, hecha de “espacios inútiles”, ornamentaciones superfluas, cornisas sin objeto, escaleras pomposas, ascensores inverosímiles, todo lo contrario de lo que reclamaba su genio lógico y afectoa la simplificación.

La consagración de la primavera, Alejo Carpentier.

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3 respuestas a Le Corbusier. Rue de Sèvres.

  1. Borgeano dijo:

    ¡Ah… el gran Carpentier! Cuando salí de Argentina para iniciar este viaje que aún no termina sólo me llevé un pequeño libro de filosofía (no podía cargar con peso excesivo y me compré para ello un lector digital); pero el papel se me hace necesario, inevitable, imprescindible; es por ello que terminé mi viaje aquí con una mochila extra, sólo cargada con libros. Uno de ellos es el primer volumen de las obras completas de Carpentier, el cual compré en Eccuador y atravesó conmigo siete países y miles de kilómetros. Es un libro grueso y pesado, pero no me importó cargar con él a lo largo de todo ese trayecto; yo sabía que estaba en buena compañía. Hace poco, al quedarme sin dinero, vendí algunos de esos libros, pero no el de Carpentier. Todavía sigue aquí, acompañándome en alguna que otra tarde solitaria.

    Un abrazo.

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    • A mi me está sorprendiendo “La consagración de la primavera”. Su lectura es polivalente, me have viajar a la vez a muchas épocas, a distintas vidas y situaciones vitales, me inunda de referencias reales en medio de la ficción, apenas leo una página y me tengo que detener a buscar, a escribir conclusiones, ideas, planteamientos, que a su vez me llevan aún más lejos. Casi voy a dos o tres páginas por día, va a ser un libro interminable, es un baúl sin fondo.

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