Cuando Picasso fue Pablo.

Picasso de niñoNo todo fueron palomas en la infancia malagueña de Picasso. De Málaga se llevó la luz, que no es poca cosa, y allí comenzó su relación con el arte. Sus primeras manchas de mina y de óleo son malagueñas. En la Escuela de Bellas Artes, donde su padre fue profesor, correteó observando, en un infantil contrapicado, yesos clásicos de helénicas proporciones, con cabezas de apolos, ateneas, faunos e imaginados minotauros, y se aventuró entre los pinceles de numerosos artistas que en sus lienzos atrapaban la luz en colores y formas decimonónicas. En el Liceo Artístico dio su primera pincelada junto a su padre y los maestros que se encargaron de su restauración dos o tres años después del terremoto de 1884. Entonces era Pablito, el niño enamorado de su prima Carmen Blasco. Su madre, María Picasso, contaba que lo primero que articuló Pablito fue la síliaba “piz”, y no, no eran ganas andaluzas de mear, lo que quería era el lápiz para dibujar supuestas torrijas, seguramente empapadas en vino malagueño, que tanto le gustó cuando fue Picasso. La plaza de La Merced llena de palomas, donde estaba la casa familiar, y la plaza de toros de la Malagueta con sus toros, sus corridas y toreadores, son algunos de sus recuerdos. Como también lo fueron los baños públicos. Si fue en el Apolo o en la Estrella, poco importa. Pablito le contó a su primo Manolo Blasco que una vez, en esos baños donde las mujeres se bañaban en camisones de hilo grueso encarceladas en palafitos cubiertos de esteras, a una señora que hablaba con su madre, el oleaje le levantó el camisón y pudo ver lo que había debajo. “Pablo creyó durante mucho tiempo, que el cuerpo de las muejres, desde donde no solía mostrarse, era todo puro vello, como el de las cabras.” Quizás por eso, cuando ya fue Picasso, se empeño con tanto afán en “acotar convenientemente el vello humano, para que nadie pudiera decir que había persistido en tan ingenuas suposiciones.” Pablito se convirtió en Picasso, y Picasso fue, tal como lo llamo su amigo y biógrafo Roland Penrose, el enfant terrible que revolucionó el arte del siglo XX. Todo lo que fue Picasso, se lo debe, entre otros, a Pablito.

Grabado de la serie Suite Vollard, 1930-1937.

Grabado de la serie Suite Vollard, 1930-1937.

Esta entrada tiene su origen en un magnífcio artículo de Alfonso Canales, “Málaga y Picasso”, publicado en la Revista de Occidente, nº 135-136. Fue reproducido en la revista Jábega, nº 8, 1974. El entrecomillado es copia textual del artículo.

Los datos del artículo aquí seleccionados, remiten a la biografía que Roland Penrose escribió en 1958, Picasso. Vida y Obra, y el artículo de Manuel Blasco “La playa de la Malagueta”contenido en La Málaga de comienzos de siglo, publicado en 1974 por la Diputación Provincial de Málaga.

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3 respuestas a Cuando Picasso fue Pablo.

  1. alvaro castresana lopez dijo:

    me ha gustado el piz

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  2. Ágel dijo:

    La verdadera patria es la infancia.

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