Borges y los seres imaginarios de Villa Palagonia (primera parte)

… vamos a un lugar donde estuvieron Goethe y Swinburne… el poeta preferido de mi madre.  Jorge Luis Borges durante su paseo por Villa Palagonia (testimonio de Fernando Scianna).

Fotografía de Scianna. Borges. en el jardín de Villa Palagonia.

Fotografía de Scianna. Borges en el jardín de Villa Palagonia. (fuente: magnumphotos.com)

Borges pasea recitando poemas de Swinburne. Lo observa todo con su mirada de ciego. Conjetura qué vieron esos admirados escritores antes que él. Aunque no fue el poeta victoriano Algernon C. Swinburne quien paseó por allí, sino su tío abuelo, Henry Swinburne, a quien, como tantos viajeros del Grand Tour, la curiosidad llevó hasta Villa Palagonia en Sicilia. En su Travels in the Two Sicilies (viaje en 1777 – 1779), cuenta que el paseo por la villa le causó un gran mareo. Goethe escribió en Italienische Reise (viaje en 1786-1788) que en la villa, “aun el mayor amante de la verdad se encuentra en apuros si ha de dar cuenta al absurdo”, pues es “una nada que pretende ser tomada por algo”. Por aquel entonces, apenas llevaba construida unas décadas.

P1050091Un personaje propio de los relatos biográficos borgeanos comenzó la odisea en 1715: el quinto príncipe de Palagonia, Ferdinando Francesco Gravina, Cruillas e Bonanno (1677-1736), noble siciliano, Grande de España, perteneciente a la Orden del Toisón de Oro, que había sido Magistrado de Palermo, presidente de la Suprema Sicilia y uno de los personajes más influyentes de la historia siciliana. En una localidad cercana pero retirada de Palermo, Bagheria, Baarìa en siciliano, mandó construir la casa familiar. La tradición de la villa italiana se enriqueció con una muestra arquitectónica muy particular, aún más cuando el séptimo príncipe de Palagonia y del Señorío de Calatabiano, Ferdinando Francesco Gravina e Alliata, concluyó en 1749 los trabajos de decoración del interior y exterior de la villa. Comenzó entonces a ser conocida como la Villa de los Monstruos.

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En el pueblo, las mujeres en cinta evitaban caminar junto a la villa, por miedo a sufrir abortos bajo la maldiciente mirada de aquellos seres grotescos, propios de las peores pesadillas, a quienes culpaba la superstición de los nacimientos de bebés con deformidades. Sin embargo, los viajeros curiosos del XVIII y XIX vinieron de toda Europa a descubrir semejantes creaciones: Washington Irving, Harold Acton, Tobias Jones, Jean-Pierre Houël, Patrick Brydone, John Soane, Christoph Martin Wieland, Heinrich Heine, Alexandre Dumas, también se habla de Sthendal y otros tantos que accedieron a la villa por el gran arco triunfal de tres vanos, custodiado por colosales figuras. Tras él se extendían unos doscientos metros de recorrido arbolado con cipreses, que concluía en otro arco triunfal, más modesto, de un sólo vano, pero también con custodios de llamativo tamaño.

Vista del arco de acceso a la Villa. James Houel, Voyage pittoresque del isles de Sicilie de Lipari et de Malte, Paris 1782 1787, Museo del Ermitage

Vista del arco de acceso a la Villa. James Houel, Voyage pittoresque del isles de Sicilie de Lipari et de Malte, Paris 1782 1787, Museo del Hermitage. (fuente: archiviofoto.unitia.it)

Arco della SS. Trinita, 1910, collezione Pintacuda.

Arco della SS. Trinita, 1910, collezione Pintacuda. (fuente: archiviofoto.unita.it)

Creo que este arco recibía el nombre de Santísima Trinidad. Lejos de lo que el imaginario asocia iconográficamente a esa idea, aquí comienza el despliegue de monstruos que recorre el remate de los muros perimetrales de la villa con su patios y jardines, en los que, por cierto, también puedes tropezar con cualquiera de ellos paseando entre los parterres. Son creaciones ¿grotescas?, según en qué sentido. Son seres escultóricos, pero vivos. En ellos el movimiento no se contiene. Por sus pétreas venas corre lo mundano, el pecado, la diversión, el ansia de vivir y de reírse del mundo. Hay animales fantásticos, figuras antropomorfas, damas, caballeros, músicos,… seres híbridos, extraños, deformes, caricaturas de sí mismos, que quizás inspiran ese miedo de lo monstruoso por estar tan apegados a lo terrenal, a lo epicúreo, lejos de lo establecido, y por lo tanto víctimas del castigo divino.

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P1050114P1050086P1050081Y la pregunta ¿de dónde nace tal imaginario? ¿y por qué? Cuentan las malas lenguas que la causa fue la promiscuidad de la esposa de Ferdinando Francesco. El príncipe, riéndose de las burlas de sus cuernos, decidió parodiar en piedra a los amantes y las juergas de la princesa.

Maria Gioacchina Gravina, Gaetani e Buglio. The fresco is in the Room of portraits of the Gravina family She was wife of Francesco Ferdinando and Alliata

Maria Gioacchina Gravina, Gaetani e Buglio, esposa de Francesco Ferdinando. Fresco del dormitorio. (Fuente: wondersofsicily.com)

Quién sabe, el caso es que, efectivamente, podríamos hablar de una decoración grotesca, que si bien hoy suena despectivo por su connotación como grosero o vulgar, viene a definir lo caprichoso, lo extravagante, lo que difiere del acostumbrado clasicismo, lejos de la serenidad de lo clásico. Allí, en el vecino Palermo, es fácil encontrar en la arquitectura de la ciudad, referencias escultóricas desde el Renacimiento de seres humanoides que recuerdan a las esculturas de la villa, como los telamones de Porta Nuova en el Corso Vittorio Enmanuele, tristes otomanos vencidos por Carlos V. Aunque la primera referencia que viene a la mente es el jardín renacentista del Castillo de los Orsini en Bomarzo (como esta villa, llamado el Parque de los Monstruos).

Esta idea de lo grotesco se refuerza en el interior del palacio. Las estancias están cubiertas con una decoración que tiene mucho de las villas renacentistas del cinquecento: el grutesco que tanto se utilizó entonces, con frescos y motivos que a su vez recuerdan a las villas romanas. Aves, jarrones, cornucopias, animales fantásticos, esfinges egipcias, panoplias, guirnaldas, escenas y seres mitológicos, retratos de dioses antiguos,… Es la Domus Aurea de Nerón, la Villa d´Este en Tívoli. Es una evocación dieciochesca de un enamorado del Renacimiento. Un palacio vestido al gusto de su morador. Grotesco sí, pero como estilo. Y bizarro también, porque es valiente y arriesgado.

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El bestiario palagoniano es una fuente inagotable para multiplicar las páginas de El libro de los seres imaginarios. Borges puede encontrar aquí muchos de los seres que cita. También a los animales soñados por Kafka, Poe, Swedenborg o Lewis. Mientras camina observado por estos seres, la atenta mirada del fotógrafo Fernando Scianna, oriundo del lugar, deja un inolvidable testimonio de aquella visita.

Bagheria: Villa Palagonia.

Bagheria: Villa Palagonia. (fuente: mangnumphotos.com)


Borges en Sicilia. Ferdinando Scianna (1943), fotógrafo, nacido en Bagheria, fue elegido por la editorial Novecento para acompañar a Borges en el viaje a Sicilia en 1984. Los retratos de Scianna nos relata la relación del escritor con la isla y su historia.

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12 respuestas a Borges y los seres imaginarios de Villa Palagonia (primera parte)

  1. luisoj dijo:

    Exahustiva y gozosa entrada para los que creíamos que con Bomarzo ya estaba cubierta la cuota del barroco más friki. Villa Palagonia, donde también viven los monstruos.

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  2. luisoj dijo:

    Sicilia es inabarcable.

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    • Alguna vez leí en algún libro que Dios creó el mundo en 6 días, el séptimo, mientras descansaba, contempló su creación y lloró de felicidad, cayendo una lágrima en el mediterráneo, esa lágrima es Sicilia, la más pura creación, sin que la razón intervenga. En fin, creo que la cita la encontré en un libro de cocina siciliana que compré en un viaje a la isla.

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  3. Borgeano dijo:

    Impecable, Mónica, como siempre. Si me lo permites compartiré ambas entradas en la página de Facebook dedicada a Borges, ya que vale la pena que más gente tenga acceso a esta información más que detallada.
    Agradezco infinitamente (agradecimiento borgeano si los hay) el material fotográfico, ya que si bien se puede acceder a los textos del inmortal argentino, no siempre podemos acceder al material anexo como tú nos lo has dejado.
    Por cierto, las fotografías del propio Borges en ese ambiente no son menos escalofriantes que las que nos muestran a los “monstruos” en sí.
    Me quito el sombrero ante la autora de este blog.

    Abrazos.

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    • Gracias Borgeano, siempre que he podido he seguido los pasos del gran Borges, allí fui únicamente a sentir su presencia, a estar cerca de su experiencia, a observar lo que sus ojos ciegos pudieron ver. Y te aseguro que sentí que paseaba con él. Te agradezco que lo compartas, de alguna manera, damos continuidad al legado de Borges.

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      • Borgeano dijo:

        Pues te entiendo a la perfección; suelo cometer el mismo delito: visitar sitios que otros admirados artistas o personajes han visitado antes y sentirme acompañado por ellos (hace poco hablé con Danioska sobre este tema, ya que en mi ciudad, Mar del Plata, se encuentra Villa Victoria –hoy un museo– donde Borges y Bioy casares (quien estaba casado con Silvina Ocampo, hermana de Victoria) pasaban las vacaciones de verano y donde aquel escribió algunos de sus relatos más conocidos.
        Sin duda alguna, debemos dar continuidad al legado de Borges; es por eso que espero que a través de esa página de FB lleguen más visitantes a tu página; la cual debería ser visitada por mucha más gente; pero ese es otro tema que dejaremos para otra ocasión.

        Un abrazo.

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  4. Pingback: Invitación. « El Blog de Arena

  5. danioska dijo:

    Llegué aquí por sugerencia de Borgeano (algo así como mi gurú particular, que comparto porque no soy envidiosa). Pues bien, qué joya de entrada, Mónica, de verdad. Es redonda por donde se le vea, tanto en texto como en fotos. E imaginar al propio Borges andando con paso inseguro por entre los monstruos es para hacer temblar.
    Paso a la otra entrada…
    Saludos,
    Julia

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