Borges y los espejos de Villa Palagonia (segunda parte)

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Minuetto di una domatrice di coccodrilli nel salone di Villa Palagonia en el Salón de los espejos, del artista Momò Calascibetta, 2002. (Fuente: artmomo.com)

Yo, de niño, temía que el espejo
Me mostrara otra cara o una ciega
Máscara impersonal que ocultaría
Algo sin duda atroz. Temí asimismo
Que el silencioso tiempo del espejo
Se desviara del curso cotidiano
De las horas del hombre y hospedara
En su vago confín imaginario
Seres y formas y colores nuevos.
(A nadie se lo dije; el niño es tímido.)
Yo temo ahora que el espejo encierre
El verdadero rostro de mi alma,
Lastimada de sombras y de culpas,
El que Dios ve y acaso ven los hombres.

“El espejo”, J. L. Borges

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Son numerosas las villas nobles que se edificaron en el siglo XVIII en la localidad de Bagheria, al este de Palermo. Siguiendo las corrientes de moda, el palacio de Villa Palagonia responde arquitectónicamente a la tradición vernácula de la época, con su planta en abanico truncado y sus dos alturas, guardando las estancias nobles en la segunda planta. Al palacio se accede por la escalinata de mármol de doble rampa, coronada por el escudo de la familia Gravina. El vestíbulo da la bienvenida con unos frescos que no relatan los siete trabajos de Hércules, sino su cansancio. A las dependencias privadas del príncipe se accede por una puerta sobre la que está escrito: “Al gusto di una moderna Architettura”. La puerta está cerrada al público. Uno imagina el diseño y los posibles temas decorativos según este lema y tras haber paseado por los jardines concurridos con fantasiosas esculturas, y se pregunta, si el príncipe, en el lecho, soñaba poseyendo “una suerte modesta de eternidad personal” a la que durante la vigilia dio forma en este personalísimo palacio, donde un día, paseó Borges junto a María Kodama y al fotógrafo Ferdinando Scianna.

P1050024En el palacio, la estancia más llamativa es la el Salón de los espejos. A la entrada, sobre un acceso aparentemente abocinado, inmerso en trampantojos arquitectónicos, y con un arquitrabe de remate algo alabeado, un lema te advierte: “Specchiati in quei cristalli,  e nell´istessa magnificenza sincolar, contempla di fralezza mortal l´immago espressa” (mi traducción viene a ser: Reflejado en esos cristales, y en la misma extraordinaria magnificencia, contempla la fragilidad mortal que la imagen expresa).

P1050056El alzado del salón está horadado por ventanas y puertas. La impresión es de un espacio saturado, abigarrado por la cantidad de colores y motivos que lo decoran. El suelo está estampado con formas geométricas diseñadas con mármoles de colores, típicos del setecento italiano. Los paramentos están forrados con mármoles y vidrios de colores, sobre el que formas geométricas destacan en blanco, diseñando molduras historiadas que prefiguran falsos cajetones, hornacinas y frontispicios de puertas y ventanas.

P1050054En medio de ese caos visual, sobresalen unos tondos con altísimos-relieve de bustos de personajes ilustres, la mayoría miembros de la familia del séptimo Príncipe de Palagonia, incluido su retrato y el de su esposa. Son muy llamativos, algo extraños porque da la impresión de que quedaron atrapados en un mundo bidimensional del que intentan escapar, de ahí que el relieve se despegue tanto de la pared, que los bustos escapan  y alargan los brazos queriendo agarrarse a la realidad. Sus ropajes los sitúan en el tiempo ordenando una cronología.

P1050026Sobre una cornisa corrida dorada, hay pintado un pretil de clásico diseño y colores pueriles, en el que habitan extraños pájaros (algunos recién muertos), caballos y jarrones con flores. Es el arranque del techo, que levemente abovedado queda  cubierto con espejos cóncavos y convexos, donde el reflejo deformado contempla la fragilidad mortal que la imagen expresa.

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P1050050Borges entró en su universo, en el fatigado y recurrente tema que cautivó su imaginación:  los espejos. Quizás advirtió ese mundo lleno de espejos mágicos en el que en las cosas pequeñas está la cifra de las mayores; o aquel otro en el que el reflejo del orden superior es un reflejo del inferior. Quizás en ellos habitan aquellos seres imaginarios que fueron encarcelados por el Emperador Amarillo, reflejos serviles que perdieron su fuerza y su figura, y que un día despertarán y romperán las barreras del vidrio y del metal.

No sé cuál es la cara que me mira

Cuando miro la cara en el espejo

El fotógrafo Scianna, inmortaliza con una poética deslumbrante, el paso de Borges por el palacio.

Bagheria. Villa Palagonia.

Salón de los espajos de Villa Palagonia. Fotografía de Ferdinando Scianna (fuente: magnumphotos.com)


https://loscoloresdelamemoria.wordpress.com/2016/06/14/borges-y-los-seres-imaginarios-de-villa-palagonia-primera-parte/

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21 respuestas a Borges y los espejos de Villa Palagonia (segunda parte)

  1. luisoj dijo:

    Decadente hasta decir basta.

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  2. Si no hubiera lugares como éste el mundo se quedaría sin diversión

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  3. Increíble la parafernalia. Lo mejor es tu extrañeza hacia los bustos que surgen de lo bidimensional..

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  4. Un viaje cautivador al fondo del espejo donde Borges siempre indagó en su infinita memoria, ¿qué colores vería allí en su ceguera? a seguir…

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  5. Borgeano dijo:

    Envidiable (en el buen sentido del término, claro está). Otra vez debo limitarme a agradecerte por compartir tu experiencia pero, sobre todo, por tomarte el trabajo de escribir una entrada magnífica; respetuosa de quien te visita y te lee. No hay mucho más que pueda decir porque sé que me repetiría; así que sólo me retiraré maravillado a compartir esto donde corresponde.

    Un fuerte abrazo.

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  6. Pingback: Invitación. « El Blog de Arena

  7. En mi futuro viaje a Sicilia, espero no tardar demasiado en ir, no dejaré de visitarlo, tu relato me lo hizo fascinante.
    Besos.

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  8. Magnífico trabajo, lo he disfrutado, felicidades!!!

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  9. danioska dijo:

    Qué maravilla, de verdad. Ya sigo tu blog, estas dos entradas han sido la mejor carta de presentación que pude conocer.
    Saludos desde México,
    Julia

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    • Requetemuchísimas gracias. Ayer estuve conversando por aquí con otra persona mejicana que es una poeta fabulosa, y vino de mano de Borgeano, Julie Sopetrán, y ya hemos comenzado el viaje juntas, me encanta este intercambio entre latitudes. Pues voy a por las palabras a flor de piel, que ya conozco hace tiempo. Saludos desde el mediterráneo, exactamente desde el mar de Alborán que baña las costas malagueñas.

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  10. Iván dijo:

    Les recomiendo el libro de Goethe: “Viaje a Italia”, donde habla de este extraño palacio. Por eso me metí a esta página buscando información sobre esta curiosa construcción. Saludos desde Concepción, Chile

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    • Hola, Iván, muchas gracias por la sugerencia, me resultó muy interesante su lectura. Fue uno de los libros que me descubrió la existencia del palacio, y además conoció a uno de sus artífices durante el viaje, al que tachó de loco. Y al libro de Goethe me movió la curiosidad una novela de Sciascia, El archivo de Egipto, en la que hace alusión al paso de Goethe por Palermo. La ficción literaria y el mundo real a veces se funden y se confunden. Gracias por pasarte por aquí, un saludo mediterráneo.

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