Un paseo por la medina de Chauen (segunda parte)

P1010723La medina de Chauen es un dédalo sinuoso de callejuelas que engordan y adelgazan, se encuentran en ensanches, confluyen en placetas, se ramifican en adarves a modo de za­guanes callejeros, se presentan en recodo, comparten desniveles y obstinadamente varían con levedad su eje, conformando un urbanismo de trazado tan or­gánico como el alzado que lo delimita, pues en esta macla informe, las casas se agolpan y saltan unas sobre otras, acomodándose como pueden, a veces incluso, de manera imposible. Sus fachadas adoptan múltiples siluetas, muchas vanidosas, anémicas o expresionistas. En ocasiones, los muros parecen no mantener el equilibrio, se contorsionan, se inclinan y se vuel­ven panzudos, con grandes verrugas rocosas y pequeños bancos corridos que invitan a detenerse.

SONY DSCDe las paredes se borraron aristas y rectas bajo las capas de enca­lado que la mano femenina aplica, escribiendo la historia de generaciones, y determinando la evolución estética de la ciudad. Es el arte de la cal, que se combina con el arte del color: el del nila o añil, en una amplia gama de tonalidades que ha ido escalando paredes hasta cubrir casi por completo la medina. Si bien esta costumbre es de apenas hace un siglo, se ha convertido en elemento distintivo de Chauen. Se­gún algunos historiadores la costumbre viene de al-Andalus; sin embargo, los más ancianos de la medina cuentan que antaño, Chauen era blanco, y que únicamente los judíos pintaban zócalos y contornos de ventanas y puertas. Pero ante el azul protagonista se enfrenta pode­rosa la paleta de la tierra, que reparte llamativas pinceladas por la medina: en la alca­zaba, en las paredes sin encalar, en los alminares de las mezquitas o en los tejaroces y cubiertas de teja roja.

P1010800Es una medina puramente andalusí, desde las entrañas hasta el vestido, de carácter rifeño, de huella morisca y sefardí. Se lee en su urbanismo y en su arquitectura, y en los elementos distintivos que refieren sus costumbres centenarias: fuentes, hornos, baños, telares, zauias, mezquitas,… tan elocuentes, como el silencio contenido de las innumerables ventanas que, en su reserva, parecen ciegas o falsas; o como el sonido de las hiladoras acompañando el rezo: cada puntada, un verso.

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IMG_4175 MEZQUITA BABEL ZOUK LISTOEn el paseo, la montaña está siem­pre presente. Dan ganas de vocear esperando el eco en ese infinito silencio que habita el valle, roto únicamente por el vagar sonoro de sus manantiales, el murmullo de los chaunís y las voces lejanas de los visitantes que pasan por allí. Un murmullo que apenas sobresale de las paredes de la medina, que es calmo y jovial, y que discurre lento como el pasar del tiempo. Porque en Chauen, el tiempo parece no pasar, simplemente permanece. Cada espacio de la medina se detuvo en el mismo instante de su creación. Y uno deambula sin saber si va o si viene, tropieza con el mismo recodo o no se lo vuelve a cruzar jamás; así, una y otra vez, para de nuevo perderse por sus calles sin importar a dónde se quiere llegar.

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5 respuestas a Un paseo por la medina de Chauen (segunda parte)

  1. Precioso paseo nos has dado…
    Besos.

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  2. Elena dijo:

    Gracias por este trocito de lectura. Es sensacional tu manera de describir los ambientes e invita a trasladarse allí. Un abrazo.

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