Palacio de la Aduana de Málaga. Museo de Bellas Artes y Museo Arqueológico.

dms_8725“…todas esas delicadezas con miras a la duración del edificio eran poca cosa comparadas con las que gastaba en elaborar las emociones y vibraciones del alma de los futuros contempladores de su obra”. Paul Valéry en Eupalinos o el Arquitecto (1923).

La forma arquitectónica por sí sola puede ser bella de admirar, pero su belleza real reside en la voluntad que el arquitecto pone en su edificación, así como en la emoción que consigue transmitir a través de ella. Valéry, en un exquisito diálogo entre Sócrates y Fedro, nos revela la magia de la arquitectura, convertida en filosofía con la que observar la vida y construirnos a nosotros mismos. De todo lo que se puede contar sobre la rehabilitación del Palacio de la Aduana de Málaga para Museo de Bellas Artes y Museo Arqueológico, me quedo con esta idea. Recorrí el edificio tras su rehabilitación y antes de la intervención museográfica. En la visita nos acompañó uno de sus arquitectos, Fernando Pardo Calvo. La impresión general que tuve, fue que el porte de su recia edificación, la inmensidad de su historia y de su personalidad, se sentían en su interior, en esos espacios diáfanos de prolongadas perspectivas verticales y horizontales, que pedían a gritos su ornato artístico, un contenido que diera lugar a una nueva historia con la que continuar el camino.

dsc_5190Me gustó el concepto de adición de lo nuevo, como la laguna que permite la percepción del todo pero se diferencia. Estructuralmente la lectura era completa, pasado y presente imbricados, sin alterar la concepción espacial original. Podía entender su ayer y distinguirlo del hoy. Intacto y completamente renovado. La nueva lógica espacial era fruto de la nueva intervención, pero hablaba de toda su historia. Lo que más llamó mi atención fue la biblioteca. Su desarrollo longitudinal, a modo de cajón flotante, quedaba suspendido en el aire provocando la impresión de ingravidez. Me dieron ganas de estar ya allí, en esa alfombra de Aladino, leyendo los libros que iban a completar la visita de los fondos del museo.

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El interior era regio y a la vez cálido. Luminoso y tenue. Vacío y envolvente. Se percibía la presencia de una atmósfera, en ocasiones casi masticable. La propia arquitectura respiraba “la misteriosa virtud de las modulaciones imperceptibles”, como dice Valery, “sensaciones y ecos”, como lo llama el arquitecto, “cualidades capaces de revelar a un ciego por dónde camina”. Esas sensaciones y ecos tomaban forma a través de luces en fuga, como la atmósfera que imprime el humo del tabaco en las películas de cine negro.

dsc_5356“Preparaba para la luz un instrumento incomparable que la difundiera, afectando formas inteligibles y propiedades casi musicales…”. El edificio parecía rasgarse. El muro no era un obstáculo, era parte del recorrido. Sin perder su fortaleza ni su soberbia presencia, aparecía inciso, vulnerado en su corporeidad, se convertía en el lienzo rajado de Lucio Fontana, gli tagli, por donde se propagaban sensaciones y ecos como matices que, de alguna manera, hacen visible lo invisible, “alivian las fronteras, rompen tensiones y aislamiento, permiten la respiración a través del muro, dejan pasar la luz que desvanece con su fuerza etérea la realidad corpórea y proporcionan continuidad visual y espacial”.

El arquitecto hablaba de escribir un nuevo episodio de la vida del edificio. Para ello había que comenzar leyendo, aseguraba. Leer el edificio, no solo su historia, también su destino. Ante la obra, más allá de la propia arquitectura, busca y encuentra apoyándose en otras disciplinas y expresiones, en otras inspiraciones y aspiraciones, en las del propio edificio, para generar no sólo belleza física, también la de la emoción. Así el arquitecto convierte el Palacio de la Aduana en un museo, en una fábrica de sueños, una ventana abierta a la imaginación.

He vuelto a recorrerlo varias veces, ya como Museo de Bellas Artes y Museo Arqueológico, con la museografía completa, disfrutando con emoción de esas obras que de alguna manera comparto con mis padres y abuelos. Cuando salgo de esos lienzos y vuelvo al museo, observo a mi alrededor y me pregunto si en la proyección del diseño museográfico tuvieron en cuenta la identidad del edificio, la pretensión de la intervención arquitectónica, las posibilidades de la colección, el valor de la misma.

(fotografías tomadas de la web de los arquitectos http://www.pardotapia.com/)

 

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7 respuestas a Palacio de la Aduana de Málaga. Museo de Bellas Artes y Museo Arqueológico.

  1. luisoj dijo:

    La caja/escalera de madera es de lo mejor de la restauración.

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  2. Mónica López Soler dijo:

    A mi la restauración arquitectónica, con sus más y menos, me gusta, lo que no me convence en absoluto, salvo algún acierto, es la intervención museográfica, parece un recorrido de IKEA, y a partir de aquí, una lista de incomprensibles resoluciones que son para confeccionar el decálogo de cómo no hacer museografía. Pero en fin, cada cual que lo pasee a su ritmo.

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  3. Lo constructivo

    En las oquedades de la tierra,
    la estratigrafía del tiempo
    se refleja en las piedras
    que nos desvelan el misterio de la armonía,
    la luz, materia infinitamente valiosa
    se graba con alados e invisibles cinceles
    para enseñarnos lo que de otros en nosotros queda,
    y ya somos los otros en nosotros mismos,
    por que el pasado es presente constructivo,
    ideas transformadas en acciones poéticas
    que la materia recoge y clasifica,
    para que más adelante sea el aire que nos rodea ,
    la luz que nos ilumina,
    la tierra que nos soporta,
    y la lluvia que nos insemina,
    lo que nos vuelva a enseñar sobre la historia del hombre,
    porque los espacios habitados
    son la memoria de lo vivido,
    de las personas y de las cosas que tocaron.

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    • Precioso, transmites esa idea de manera tan visual que se vive. Eso debería ser el museo de Bellas Artes y Arqueológico, así lo quiero disfrutar, y así lo tienen que mostrar, el pasado como presente constructivo, ideas transformadas en acciones poéticas que la materia recoge y clasifica,los espacios habitados como memoria de lo vivido, de las personas y de las cosas que tocaron. Muchas gracias, Víctor. Me encanta tu poesía, tu mirada.

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  4. joseluis817 dijo:

    Qué buena idea la del museo vacío.

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    • Esa sensación del museo vacío era grandiosa, pero no estaba vacío del todo, la ciudad se había convertido en el lienzo que colgaba de las paredes del edificio, recorrías 360º de la ciudad y desde diferentes alturas a través de las ventanas que se convertían en marcos, una comunicación exterior-interior que te proporcionaba sensación de profundidad e infinito, como si el edificio no quisiera quedarse contenido en sus muros.

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