El pecio de la vida.

“El mundo es un barco en su viaje de ida, y es un viaje sin vuelta”.  Herman Melville, Moby Dick

sin-titulo-1

Como piloto de marina mercante he recorrido el mundo navegando mares y océanos. Como historiador y arqueólogo hago viajes en el tiempo: Hernán Cortés, Malaspina, Federico Gravina, Blas de Lezo. Como maquetista he construido una réplica a escala de la nao de Santa María que el Gobierno ha regalado a EE.UU. Como cronista gráfico de revistas participo de mi tiempo en batallas navales, botaduras, expediciones, desembarcos, comercios, naufragios, insurrecciones. No hay un solo buque, corbeta, bergantín, fragata, crucero, navío o vapor que no haya retratado. Soy experto en navegación y conservador del Museo Naval, aquí en Madrid. Como Ovidio, “viviré por todos los siglos”; he compuesto una obra que “ni la cólera de Júpiter, ni el fuego, ni el hierro, ni el tiempo devorador podrán aniquilar”: la mejor historia gráfica de la navegación y de las construcciones navales que jamás se haya hecho, y que espero ver publicada en breves. Soy todo en la vida y no soy nada. Pero no me doblego a ser nada, como le ha sucedido a este Imperio, al que he visto caer quincenalmente a través de mis ilustraciones. Cada barco que he dibujado ensalzando su audacia en los pasajes de esta fulminante y dolorosa crónica, lo plasmaba después en su propia agonía. Así sucedió con el crucero Velasco, al que dibujé en su viaje a Las Carolinas en 1885 para la revista “La ilustración española y americana”, navegando de bolina con el viento de proa, con sus cuatro calderas a pleno rendimiento, dispuesto a defender lo que nos quisieron arrebatar: siglos de dignidad que en tan sólo un año España ha perdido. Su hundimiento no lo pude pintar. Ese invento revolucionario ha suplido mi trabajo. Una fotografía del pecio en el arsenal de Cavite fue lo que publicó la revista en el mes de mayo de este trágico año. Malherido, varado en su hospital, sin participar en la fatal batalla. Muerte indigna y poco heroica para esa férrea promesa. Ha sido todo en la vida y ahora es nada. Y yo ¿he de resignarme a no pintar su final?

Don Rafael Monleón y Torres, en Madrid, a 5 de Septiembre de 1898.

Nota manuscrita en su diario junto a su dibujo del crucero Velasco que aparecía en el número XXXII de la revista “La ilustración española y americana” publicada el 30 de agosto de 1885, y junto a otro dibujo que ilustraba el pecio del Velasco.

Pecio del crucero Velasco varado en el Arsenal de Cavite.

Fotografía del pecio del crucero Velasco varado en el Arsenal de Cavite, publicada en la revista “La ilustración española y americana”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en FICCIÓN LITERARIA y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a El pecio de la vida.

  1. Interesante navegación

    Le gusta a 1 persona

  2. Borgeano dijo:

    No conozco al autor de esta crónica, pero de algún modo despertó algunas ideas que siempre me han acompañado; de allí, entonces, que el comentario que dejaré será básicamente personal.
    Nací a orillas del mar y éste siempre me ha acompañado, aun cuando viví fuera de mi país (los seis años que pasé en los Estados Unidos, por ejemplo, los viví a sus orillas). Éste momento personal que estoy viviendo ahora es el segundo que paso lejos del mar por un período mayor a dos años. Esta fascinación por el mar siempre hizo que me preguntara (no sin cierta pena, lo reconozco) porqué un país como Argentina, cuyas raíces se adentran en el mar, no tuviese una literatura rica en estos temas. No me quedó otro camino que adentrarme en Conrad y en Álvaro Mutis (hay más, claro, pero éstos dos fueron la base de mis lecturas marítimas).
    Años después yo mismo tuve la oportunidad de navegar en una fragata de tres palos alrededor de latinoamérica. Yo era muy joven (salí de Argentina con diecisiete años y volví con uno más) y ya era todo un infante de marina que disfrutó aquel viaje hasta tal punto que el día de hoy –décadas después– aún sigo llevándolo conmigo como uno de los momentos más bellos de mi vida.
    Tu post me hizo recordar eso y algunas otras cosas que por no aburrir ni cuento. Sólo diré que puse en boca de un personaje en una de mis novelas inconclusas, el siguiente párrafo: “Me gusta el mar. Esa vasta extensión de agua que a veces se ve tan tersa que uno tiene la sensación de que se podría caminar sobre ella y que a veces se agita y se encrespa como si un fuego interior lo obligara a hervir y esa misma furia lo empujara a golpear las rocas de la costa levantando nubes de espuma blanca, con sonido crepitante de lluvia menuda y forzada”.

    Gracias por los recuerdos.
    Un fuerte abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    • Una anécdota vital que podría transformarse en literatura. Me ha encantado el sabor de ese recuerdo. Gracias por compartirlo. Y en cuanto al relato, sin ánimo de causar confusión, he inaugurado una sección en el blog de ficción, el personaje es real y el dibujo de la revista suyo, pero la nota es ficticia, investigando otro tema descubrí a esta persona y sus ilustraciones editadas en años de números de esa revista, hasta que comenzaron a aparecer fotografías en lugar de ilustraciones, y me pregunté que sintió el ilustrador cuando apareció la fotografía e hizo desaparecer su trabajo, como ahora se discute el ebook y el libro de papel, y me inventé la nota basada en su biografía, jugando a imitar el modo de Borges cuando crea ficción a partir de la realidad. Me parecía divertido y decidí publicarlo, total andaba a la deriva en una carpeta del ordenador.

      Le gusta a 1 persona

      • Borgeano dijo:

        ¡Pues que ye ha salido maravillosamente bien! Ahora comprendo tu respuesta al otro comentario en tu blog ¡Y yo me lo creí! (Mira, por poco recreamos aquella historia de Borges y Bioy Casares, cuando éste pidió a Estados Unidos un ejemplar de unos de los libros inventados por el primero).
        Me parece estupendo que comiences a compartir textos ficcionales como el de hoy.
        Yo uso el “truco” del seudónimo para probar algún que otro texto en mi blog (si digo que es mío, a veces por cortesía te dicen que todo esta “hermoso” y no es eso lo que uno busca); así que Arturo F. Silva es mi seudónimo principal pero también he usado a George Eastlake y tal vez algún otro que ahora no recuerdo.
        Sigue compartiendo estas cosas.

        Abrazo.

        Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s