Frente a la posverdad, la alétheia.

atencion-copia

“Es justo que lo aprendas todo, tanto el corazón imperturbable de la persuasiva verdad como las opiniones de los mortales, en las cuales no hay creencia verdadera”. Parménides, Poema de la naturaleza (siglo VI a.C.).

“Todo lo que figura allí no es cierto, salvo alguna cosa que es la que han publicado los medios de comunicación, o dicho de otra manera es total y absolutamente falso”, Mariano Rajoy como presidente del gobierno de España (febrero 2013).

El siglo VI a.C. es parte más del mito que de la historia, sin embargo qué actuales suenan las palabras de Parménides. El 2013 queda ya lejano a la velocidad que se mueve el mundo, y aún más obsoletas suenan las palabras de Rajoy, como si fueran del siglo pasado. Si las hubiera pronunciado tres años después hubiese dicho que todo lo que figura allí es posverdad, o dicho de otra manera es total y absolutamente posverdad. Aunque pensándolo bien, no hubiera sido así, porque se refiere a testimonios que evidencian la corrupción de su partido, así que lo seguiría diciendo tal como lo dijo, falso. La posverdad se deja para otros temas.

El corrector de word me señala que esa palabra no existe, tampoco la recoge la RAE, pero el diccionario de Oxford la nombró palabra del año 2016, definiéndola como “Relativo o referido a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales”, y hoy está en boca de muchos intereses públicos, incluidos los medios de comunicación. En Wikipedia ya la pueden encontrar como un neologismo que implica una “mentira emotiva” ¿qué será una mentira emotiva? ¿la mentira piadosa que aprendemos cuando somos adultos? ¿una mentira que manipula las emociones para engañar al otro y conquistarlo? En la wiki dice que posverdad describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales”. No hay nada nuevo, como escribe el periodista Javier Gallego “Crudo”, lo que llaman posverdad “es lo que hacen constantemente la política, la propaganda, la publicidad y el mal llamado periodismo, apelar más a los sentimientos que a la verdad… esto tenía ya un nombre: mentira y manipulación”. No sé porqué pero la palabra posverdad da escalofrío, acompaña un sentimiento apocalíptico, de cambio de era nefasto.

Pero no es de la posverdad de lo que yo quería hablar (palabra que me acaba de descubrir en un artículo el periodista Guillermo Busutil, y de la que no tengo noción propia aunque me desagrade su existencia), sino de la alétheia, un concepto que adopté como pseudónimo en 2009, y que viene al pelo para evidenciar la posverdad de la posverdad; y que, por cierto, tampoco recoge el diccionario de la RAE, a pesar de que no es precisamente un neologismo. Es un concepto que fue utilizado desde la antigua filosofía aristotélica y retomado por la analítica existencial de Heidegger, el propio Parménides lo recoge en su Poema de la Naturaleza, y con el tiempo ha alcanzado el significado de verdad. Pero verdades hay muchas; por ejemplo, según la RAE, la verdad es conformidad entre cosa y concepto, es juicio innegable, es cualidad de veraz, es expresión clara, es realidad, también para la RAE hay verdad moral, pura verdad, verdades como templos, verdad de Perogrullo…, pero la verdad, no queda claro qué es la verdad. A decir verdad, cuando hablamos de alétheia no hablamos de verdad absoluta (redunda decir que ni todo es blanco o negro, ni el blanco es blanco del todo ni es negro del todo el negro), tampoco se refiere a una verdad palpable, visual o concreta; cuando hablamos de alétheia, hablamos de la voluntad de hacer evidente.

Desnuda en su etimología, la transcripción literal de alétheia sería sin-ocultar: Αλήθεια, α (partícula privativa que significa sin) y ληθεια (ocultar), también sin-olvido (Lethe, λήθη, olvido). Alétheia es des-ocultar, des-velar, es la acción de evidenciar lo oculto, de mostrar la verdad. Y así, finalmente, alétheia es sinónimo de verdad, pero de una verdad que es más bien una acción, una tarea, la acción de desvelar, correr el velo para que aparezca lo que está oculto. Hacer patente lo latente. La verdad es lo desnudado, lo desvestido, lo desvelado”, con la clara intención de esclarecer. La posverdad, por el contrario, es ocultar, velar, negar, con la oscura intención de confundir.

El camino de la alétheia, el que sigue Parménides, no es un camino común en la sociedad actual, o no lo es desde luego para quienes dirigen y gobiernan, para muchos que dictaminan justicia, y para los periodistas que se dejan llevar por la corriente. La alétheia, la voluntad de evidenciar la verdad, debería ser prerrogativa de todos ellos (y de cualquiera de nosotros), una vocación. Pero parece que se ha impuesto la voluntad de la mentira, la de la posverdad, y esa voluntad de la mentira (esa posverdad), trasluce una alétheia: la del despotismo y la arbitrariedad.

Si somos capaces de inventar un neologismo tan falaz, seamos capaces de rescatar un concepto que nos legaron nuestros antepasados, propaguémoslo como una pandemia instalándolo en el imaginario colectivo, y quizás así, nuestro concepto ya no de la verdad, sino de la sinceridad, tome otro rumbo.

Alétheia es un concepto con el que viajo en mi maleta, lo tengo interiorizado pero me siento incapaz de explicarlo; mi intento es si acaso, descubrirlo a quien no lo conozca o despertar la curiosidad.

No me resisto a copiar parte de una entrada de un blog que sigo, Estética Existencial, la guinda más sabrosa del pastel:

La palabra Lichtung —que apunta hacia un ámbito abierto—, puede traducirse, también, como calvero, otero o claro. “Calvero —indica Francisco Soler—, nos parece una traducción adecuada de la heideggeriana Lichtung; así define el término el Diccionario de la Real Academia: ‘Paraje sin árboles en lo interior de un bosque’;  esa definición casa muy bien con el siguiente texto de Heidegger: ‘Etwas lichten significa aligerar, hacer más ligero a algo, hacerlo abierto y libre, por ejemplo, despejar en un lugar el bosque, desembarazarle de sus árboles. El espacio libre que así aparece es la Lichtung’. Según lo señalado hasta ahora, el hombre habita —dicho en breve—, en la verdad del ser, en el claro del ser (Lichtung des Seins). La conferencia “El final de la filosofía y la tarea del pensar”, vincula el claro con la Alétheia, el no-ocultamiento (Unverborgenheit). Y, a su vez, la Alétheia con la Léthe —el ocultamiento—. Sugiere Heidegger que “el ocultarse, el ocultamiento [Verborgenheit], la Léthe , pertenecen a la Alétheia , no como un mero añadido, como las sombras a la luz, sino como corazón de la Alétheia”. “De ser así—añade—, la Lichtung no sería mera Lichtung de la presencia, sino Lichtung de la presencia que se oculta”. A partir de eso, podemos inferir que el hombre mora o habita en la Alétheia y en la Léthe, en el no-ocultamiento y en el ocultamiento, se entiende, del ser.


Las citas del texto están en los siguientes enlaces:

https://joseluis817.wordpress.com/2013/09/30/lichtung/

http://etimologiaspalomar.blogspot.com.es/2011/04/aletheia.html

http://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/llaman-posverdad-quieren-decir-mentira_6_590800932.html

http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2017/02/26/posverdad/912423.html

 

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10 respuestas a Frente a la posverdad, la alétheia.

  1. Que interesante. Que bien explicado. Me gusta mucho saber del origen de las palabras, su adaptación actual.

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  2. Fantástico artículo!!!
    Besos.

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  3. Borgeano dijo:

    Hace poco me invitaron a una lectura, junto a un par de amigos, y escribí un texto partiendo de ese nuevo término: posverdad (luego lo enlazaba con el tema de los medios en sí y el alcance de la manipulación a la que nos someten en la actualidad). Particularmente no es una palabra que me moleste; sobre todo porque señala algo que es evidente y que tiene una particular injerencia en nuestra actualidad. Creo que lo terrible no es el término, sino la existencia de un estado mental en el que eso sea posible. La separación cada vez mayor entre pueblo y gobierno se torna, entonces, casi invariable al ser las personas víctimas de este tipo de sensaciones que las alejan del pensamiento crítico.
    Tú hablas de Parménides y de Heidegger ¿Cuántas personas conoces que puedan llegar a comprender cabalmente todas las referencias y los alcances de lo que intentas explicar? Como siempre, la cultura y las masas se mueven por caminos diferentes; pero uno tiene la sensación de que nunca como en estos tiempos esos caminos divergen de manera casi estanca. Antes había alguna posibilidad de que al menos se respetara la opinión de quien sí hablaba con conocimiento de causa; hoy, sin embrago, resulta que cualquiera pide para sí el mismo estatus que quien pasó décadas de su vida especializándose en un tema determinado.
    Tus artículos son siempre estupendos; pero éste se lleva las palmas. Me ha parecido, sencillamente, fantástico.
    Por cierto, Alétheia es un estupendo seudónimo, no cabe duda de ello.

    Un fuerte abrazo.

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    • Hola Borgeano, muchas gracias por tus palabras siempre alentadoras y de reconocimiento. Además me divierte a veces pensar lo mucho que “converso” contigo a través de nuestros blogs, es un continuo disparador mental. Y sí, estoy muy de acuerdo con lo que dices en que lo terrible es “la existencia de un estado mental en el que eso sea posible”, la aceptación además como actitud por parte de dirigentes, y el adocenamiento y confusión que provocan en la sociedad y que utilizan como herramienta de poder; porque si hay voluntad, incluso hasta esa masa sin juicio crítico, se puede conducir por un camino diáfano, de alétheia. Pero no hay voluntad, y cada vez es mayor la brecha entre ellos allí arriba, y nosotros aquí abajo.
      La palabra alétheia la descubrí en Buenos Aires, así se llamaba una librería que había en una galería de calle Florida (creo), y su significado me lo explicó el librero. Quedé encantada con el descubrimiento.

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      • Borgeano dijo:

        Es cierto que eres una de las personas con las que mantengo un “diálogo” más profundo y extenso y eso no está nada mal; por lo menos en lo que a mí respecta estoy encantado.
        Tienes razón cuando dices que si hay voluntad… etc. Por eso dije que los caminos no sólo son divergentes, sino estancos. No creo que los políticos, en líneas generales, quieran el bien general. Creo que la política hoy (precisamente, de la mano de los medios) va por el lado del beneficio económico y nada más, y no me refiero al beneficio personal, sino a que hoy se vota a empresarios, como si éstos tuviesen algún interés social. En suma: todo es un círculo vicioso negativo (para el pueblo).

        Abrazo.

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  4. Mónica:
    En mi ignorancia y precipitación pensé por un momento, viendo la taza de té en la foto, que alétheia consistía en beber té antes de la verborragía sobre un tema cualquiera. En un tiempo era muy aficionado al asunto. Y además estaba sin desayunar.
    Leí algo sobre Parménides de Elea, no directamente sino por medio de algún otro, no recuerdo ya, Me parece que es el famoso poema en que invoca los favores de una diosa, cuyo nombre ignoro, para acceder al verdadero conocimiento, O sea el uno y la multiplicidad, la dos vías: la de la verdad y la vía de la opinión..Es cierto que se utiliza la emoción en vez del pensamiento lógico para engañar…..
    Voy a tomarme la taza de té y te dejó un poema zen, no sé si lo conoces.
    “La primera taza de té humedece mis labios y mi garganta.
    La segunda rompe mi soledad.
    La tercera penetra en mi entrañas removiendo en ellas mil extrañas ideografías.
    La cuarta me procura una ligera transpiración y toda la maldad de mi vida se va a través de mis poros.
    A la quinta taza estoy purificado.
    La sexta me lleva al reino de los inmortales´.
    …………La séptima……..¡.Ah, ..la séptima…!….Ya no puedo beber más…
    Sólo siento el soplo del viento frío que hincha las mangas de mi kímono……………¿.Dónde está el paraíso .?………¡.Ah, dejadme subir sobre esta dulce brisa y que ella me lleve hasta allí…!

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  5. Qué grata sorpresa!!! Cuánto tiempo sin escucharte. Tienes razón, no sé porqué se sumó esa imagen al artículo, pero ha sido una genial coincidencia que ha dado lugar a que tu hicieras esta interesante disgresión que finalmente ha abierto una nueva vía al tema. Qué buena imagen la de un preludio humeante y aromático, sereno, para alcanzar la alétheia desde “el uno y la multiplicidad”. Quizás para cualquier acto en la vida, para la toma de una decisión, es conveniente ese momento previo de meditación o relajación que proporciona el ritual del té.

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