Poética de la presencia. Leyendo a Enrique Vila-Matas.

Por mi ventana veo la primera lluvia que anuncia el otoño. “…Que el frío descienda y un matiz de inquieta tristeza atraviese la luz oblicua…”, comenta Enrique mientras nos balanceamos en dos de las 50 mecedoras Splendide Hotel, una instalación de Dominique Gonzalez-Foerster que hay en el Palacio de Cristal del Retiro. La chaise à bascule beckettiana, pronuncia impulsándose de nuevo hacia atrás. Su voz se apodera del espacio. Apoderarse del espacio con la voz. Me atrapa esta imagen, y salgo de las páginas para colarme en ese mundo acristalado inundado por su voz. Enrique y yo somos propensos a incluir citas en nuestra conversación y en nuestros textos. Yo creo que a veces las usamos para trasladar piezas, rehacer relaciones, dar continuidad, resignificar, provocar una sinapsis haciendo caminar lo que está estancado. Enrique me cuenta que Duchamp afirmaba que el arte es una salida hacia regiones donde no dominan ni el tiempo ni el espacio. Aquí ciertamente no hay tiempo ni espacio, me digo pasando otra página. Él continúa su conversación. “Pensé en una poesía de la presencia y en fugaces impresiones que remitían a nódulos de conexión entre el pasado y el presente…”, y me habla sobre la exposición Everstill en la casa de García Lorca en Granada: “Reparé de pronto en un vaho en el cristal de la ventana y pensé en buena lógica que era reciente, pero en seguida descubrí que no, que era la aportación de Philippe Parreno”. Me imagino a los que han estado y se han ido, a los que acaban de pasar, buscando en ellos la poética de la presencia en su ausencia. Me sigue contando, “…me fue imposible luego prescindir de la sensación de que el poeta circulaba por la casa, seguía viviendo en ella”. Pienso en la huella del cuerpo en un sofá, en una puerta que se cierra, en el movimiento de un columpio vacío, o el de las mecedoras. Rescato en mi memoria la impresión fugaz de una presencia. Fue en un viaje a Extremadura. En la escalinata de la portada de una iglesia quedaban restos de confeti de una boda. Hacía viento y los papeles de colores no paraban de moverse, en remolinos, en fila, amontonados, en todas direcciones, locos de alegría, elevándose hacia el cielo festejando sueños y promesas para volver a caminar por el suelo en dirección al futuro. Cómo explicarlo. Viví la celebración, vi a los novios, a los invitados, sentí el júbilo y lo escuché. Hasta la mancha de vaho, queda mucho por encontrar.

Hace más de un año que leí Marienbad eléctrico de Enrique Vila-Matas. Desde entonces no puedo prescindir de esta idea y de la búsqueda de esas fugaces impresiones que son a la vez ausencia y presencia. Le ha añadido otro grado de belleza cotidiana a la vida. Ahora veo el libro en la estantería y pienso en esa poética de la presencia, y se me ocurre que la lectura de un libro, es la impresión fugaz de la presencia del escritor en la ausencia. Sólo que esta presencia, en su ausencia, permanece más allá de la impresión.

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2 respuestas a Poética de la presencia. Leyendo a Enrique Vila-Matas.

  1. Borgeano dijo:

    Hace un tiempo comenzamos con Danioska un diálogo (el cual aún no está terminado) sobre las diferencias y los puntos en común entre la poesía y la filosofía. Tu entrada nos aporta el camino medio exacto.
    Hace unos días escribí una entrada con algunas reflexiones sobre el sentido de la vida y en uno de los párrafos dije: “El problema, creo, es que consideramos a la vida como un todo cuando eso no existe. No existe mi vida; no existe algo que pueda considerarse la vida de Borgeano. Sólo existe éste mínimo, pequeño, diminuto instante en el que estoy escribiendo esto, no la suma de esos instantes; y el hecho de que todo esto carezca de un sentido metafísico, no quiere decir que no podamos darle un sentido terrenal y profundo. Estoy aquí y eso es más que suficiente”. Creo que de alguna manera se aúnan las tres visiones: la de Danioska, la tuya y la mía. Me refiero a que esa poética del presente es lo mismo que digo yo desde la filosofía: el aquí y ahora, el pequeño detalle que es porque existe en este punto del presente. Todo ello confluye de alguna maravilla manera en el ahora, pero no hay que dejarlo escapar (ni tampoco cometer la torpeza de que puede ser detenido por medio alguno, como alguien puede llegar a pensar de la fotografía, por ejemplo).
    Bien, veo que dije dos o tres cosas al mismo tiempo; espero, de todos modos, no haber sido demasiado confuso.

    Un abrazo.

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