Oficina pública estatal. De allí hasta aquí.

Si trasladara a las letras la impresión que me causó la pintura de Serguei Ivanov En una oficina pública de los tiempos de Moscú (1907), escogería la lectura de un relato de Tolstoi: Iván el imbécil (1885). Un relato lúcido y tronchante que refleja muy bien este día a día de la Rusia enfangada en la tierra.

Me encanta el cuadro. Me hace gracia, con un deje de irónica resignación. Cuando lo vi en el Museo Ruso de Málaga, lo que me dio por pensar es que no importa época ni lugar. La primera realidad globalizada del planeta lo fue por ser común a todas partes: una oficina pública estatal. Reconocible, ¿no?

Me han contado que en Rusia, donde sucede esta escena, aparecieron las primeras oficinas públicas (prikazi) con la creación del zarato (1547) por Iván IV Ruíkida. Su sencilla existencia ya implicó la complicación del aparato burocrático y los trámites, hasta convertirse en un freno y un problema. Las imagino así, como en el cuadro. Ese caos de papeles vibrantes, inestables, que nunca rellenas adecuadamente. Un  numero siempre  exponencialmente mayor de demandantes. La cuenta atrás tanteando el largo de la cola. La desesperación de la espera, frente a la parsimonia de dos funcionarios sin preocupaciones, agarrados a su silla. Funcionarios que cobran bajos salarios y aceptan con voluntad los donativos. Sobornos, morosidad, desigualdad social, ineptitud e ineficacia, atoro, en fin. Y el pato, ¿será la cena de alguno de los dos empleados?

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3 respuestas a Oficina pública estatal. De allí hasta aquí.

  1. Borgeano dijo:

    Magnífica lectura, Mónica. Me hiciste reír mucho con lo del pato, tuve que subir a ver el cuadro nuevamente y no pude menos que dejar escapar una carcajada por lo lúcido de tu broma pero, sobre todo, porque se me había pasado por alto ese detalle en la primera mirada al cuadro.
    No sabía de que se considera a la Rusia del siglo XVI como a la cuna de la burocracia (esas cosas tan difíciles de saber con certeza); pero poco importan las precisiones en estos casos. De todos modos, me dejas pensando en que todas esas cosas en algún momento tuvieron que nacer ¿No? Y del mismo modo que se le debería hacer un monumento al anónimo inventor de la cama, deberíamos crear un décimo círculo infernal para maldición y castigo eterno de todos los creadores de este tipo de cosas.

    Un fuerte abrazo.

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    • Hola, Borgeano, también me reí cuando al observar el cuadro entendí el detalle del pato, o quise entenderlo así. Por cierto, no es que Rusia sea la cuna de la burocracia, me expliqué mal, es que en la Rusia de Iván IV, con la creación del zarato, nació ese país y el sistema estatal de oficinas en ese país. De vuelta envío el abrazo, por aquí caluroso y hasta pegajoso.

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