El otro Archivo de la Inquisición. Palermo.

Las paredes son un palimpsesto de dos siglos. No es horror vacui, a pesar de que no queda un espacio en blanco. Es una historia sangrienta y cruel de la infamia, compuesta por ¿condenados? ¿por quién? ¿por qué?

Hablan tres celdas de paredes mudas. Murmullan ahogadas, denuncian en silencio, gritan el miedo, profetizan el destino. Declaran su inocencia, resignación, dolor, desesperación, devoción. Religiosidad. Nos lo cuentan con sarcasmo, orgullo, soberbia, humillación, impotencia, terror. Locura.

Allegramenti  o carcerati, ch´quannu chiovi a buona banda siti (Alegraos prisioneros, porque cuando llueve estáis a cobijo”)

Me gustaría descifrar textos y dibujos, datarlos, interpretarlos, que aún me den más escalofrío del que siento simplemente con observarlos.

Tres colores emborronan los muros con su lamento: negro, amarillo y rojo. En la tercera celda hay también verde y rojo fuerte. Estarán hechos con tierra, óxido, carbón (quizás de algún candil o lámpara), en ocasiones hasta parece tinta. Se superponen los grafismos unos sobre otros. Yo creo que algunos se comunican a través de los siglos.

“Paciencia, pan y tiempo”, está escrito en una de las celdas. Las barras son el tictac de los días, el tiempo, la muerte. Un soneto del poeta Simone Rao en dialecto siciliano, aturde el silencioso eco con desconsuelo y desesperación: Quien entra nesta orrenda sepultura/ ve que nella reina la (gran) crueldad/ que esta escrita en las sus secretas paredes/ dexaros la esperanza vosotros los que entrays/ que no se sabe si es dia o noche/ soslo se oyen el llanto y el lamento/ porque no se sabe nunca cuando llega la ora/ de la deseada libertad. Han pintado lugares recordados o fantaseados. La isla de Sicilia es tan exacta que debe ser el dibujo de un geógrafo del siglo XVII, posterior a 1637, ¿Carlo Ventamiglia? ¿Francesco Nigro? Hay dragones, serpientes, demonios, flotas de barcos, arquitectura, pero, sobre todo, hay representaciones de cristos, vírgenes y santos, escenas religiosas, relatos escritos de vidas hagiográficas, oraciones. Algunos están firmados: Giuliano Sirchia, Pietro Lanzarotto, Francesco Gallo. También los anónimos tienen nombre propio y rostro. En esta cárcel estaban encerrados, según la Inquisición, los perversos heréticos, sus seguidores, los blasfemos, los hechiceros y brujas tratantes con el demonio, los contrarios al Santo Oficio, judíos, moros y sectarios; lo peor de la casta humana para la santa religión, y como tal los trataban, ¿por qué entonces tantas expresiones de devoción y plegaria?

Pyensa en la muerte/ No ay remedio para nada en el mundo/ Atençion que aquí dan trato de cuerda y…/ ten por seguro que aquí dan la cuerda…/

El reloj del palacio Chiaramonte tiene para el pueblo su propio refrán: Lu roggiu di lu Sant´Ufficiu nun cunzigna mai (El reloj del Santo Oficio no lleva nunca a la libertad/ no toca nunca la hora de la liberación). ¿Cuántos sicilianos pasaron por las celdas de la Inquisición del palacio Chiaramonte Steri de Palermo entre 1487 y 1782? Allí en el entresuelo, en las cárceles filipinas, apenas iluminadas por aberturas asaetadas que dan a la plaza de la Marina, donde se celebran las ejecuciones, escaseaban los alimentos, había mugre y harapos, horror físico y  de espíritu. Condenados a largos encarcelamientos de torturas y final atroz.

En 1782 el virrey de Sicilia Domenico Caracciolo leyó el decreto de abolición de la Inquisición en Sicilia. Se lo dedicó a su amigo D´Alambert, que en junio de ese mismo año lo publicó en el Mercure de France.

Aunque se quemó el archivo de la Inquisición de Sicilia, queda el testimonio descarnado de estas paredes.

Tétricas imágenes nos difunden las estrellas,…

También está la historia del racamultés Fray Diego La Matina, preso que según cuentan, mató a golpes al inquisidor Juan López de Cisneros en 1657. Sciascia le dedica el ensayo Muerte del inquisidor.

 

 

Del Sant´Uffizio a Palermo e di un carcere di esso (Giuseppe Pitre / Giovanni Gentile)

 

 

8 comentarios

  1. Una entrada magnífica, Mónica. Creo –al menos es lo que sentí al leerte– que tenemos una misma debilidad, la de sentir como propia la presencia de esos seres de antaño. En varias ocasiones he sentido esa presencia física de esas personas desaparecidas (he narrado uno de esos casos en un libro que estoy terminando; cuando parado sobre una pirámide en las ruinas de Tikal vi allí debajo, en la plaza, las formaciones militares y los grupos de comerciantes) del mismo modo en que tú te preguntas por los hombres que han pasado por esas celdas y las razones que los movieron a escribir esas paredes. Ellos nos hablan a través de ellas, no cabe duda alguna.
    Por cierto, alguna en mi blog escribí sobre una visita a un monasterio del siglo XVI cercano a Morelia, el cual me pareció fascinante; pero nada fue más llamativo que la huella de un perro en una de las losas de una de las terrazas. Me quedé allí, observándola y esa huella fue más real que la presencia de cualquier monje que pudiera pensar. “Hace cuatrocientos años paso por aquí un perro”, me dije, “y aunque ya no esté lo veo, lo presiento, lo conozco”. Salvando las distancias, creo que hablamos de lo mismo.

    Un fuerte abrazo.

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    • Muchas gracias, Borgeano. Sí, tal cual lo cuentas tal cual lo siento también, compartimos esa debilidad. Ese viaje en el tiempo a través de la presencia de las personas que pasaron por un lugar me fascina y me atrapa. Un vestigio, un detalle (como esa huella de perro que relatas) me genera tal empatía o aprehensión (no sé si serían los términos correctos) que tengo la impresión de ser testigo directo de su presencia, de sus sentimientos y emociones, me pregunto cosas pensando si se preguntaban lo mismo, camino sobre las pisadas de otros testigos. En fin, hace tiempo que es esa “huella de perro” (por usarlo como metáfora) la que me emociona del lugar, más que la belleza en sí del paraje o su interés general. Más que su presente, veo siempre su pasado. Quizás porque uno vive en presente constante y ese detalle que te detiene te hace viajar a kilómetros de tiempo. En el blog que tengo de viaje, la cabecera la marca una cita de Kapuscinski, de su libro Viaje con Herodoto: “ASÍ COMO AÑOS ATRÁS HABÍA DESEADO CRUZAR LA FRONTERA EN EL ESPACIO, AHORA ME FASCINABA EL ACTO DE CRUZAR LA FRONTERA EN EL TIEMPO.” Algo así.

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  2. La segunda foto es el seno de Abraham. Es maravilloso como en siglos no cambia su modo de representar. De nuevo felicitarte por este maravilloso blog y por hacernos participes de tus viajes “intelectuales”.

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    • Delicioso. Cuando veo las imágenes siempre pienso en ti, porque sé que tienes esa magnífica habilidad de doctor en transcribir textos e interpretar imágenes religiosas. Recorrer esas celdas contigo sería un placer, no terminaríamos nunca y ese escalofrío del que hablo sería estremecedor.

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