Un tranvía de sol con jardinera, Manuel Alcántara

Un tranvía de sol con jardinera

y en los baños del Carmen gran carrera

concurso entre sirenas y delfines.

Manuel Alcántara.

-Los Baños del Carmen era el lugar sagrado de mi infancia, mi paraíso perdido- me contó el poeta y periodista Manuel Alcántara en una comida en este mismo lugar-. Me llevaba mi familia en el tranvía con jardinera.

-Lo más difícil era llegar hasta el mar pisando esa arena que ardía bajo el sol de Málaga. En la taquilla de la entrada escribían cada día en una pizarra los grados de temperatura del agua.

Entonces se vendían unos cartuchos de papas fritas horrorosos, calentados al sol durante mucho tiempo, y nos parecían magníficas las peores papas fritas que he comido en mi vida. Uno tiende a creer que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero en general, era peor.

Había esteras que separaban hombres y mujeres. Yo era niño y tenía el privilegio de poder estar en los dos lados. Los hombres solían dedicarse a mirar a las mujeres por los agujeros de la estera. También estaba el trampolín, que era la frontera de la infancia a la juventud. El síntoma de que habías dejado de ser un niño era cuando te atrevías a tirarte.

He visto mucho fútbol en los Baños del Carmen; eso lo recuerdo bien. Había dos equipos en Málaga, luego se unieron. El Malacitano jugaba en los Baños del Carmen. En la memoria quedan Pedrín, Juanele, Junco, Salazar, Meli, Tomasín, Calderón, Zárraga… entonces eran nuestros ídolos-. Manuel enumeró de memoria toda la alineación, pero no sé si era la del Malacitano o la del equipo malagueño que jugó contra el Sevilla estrenando el estadio de La Rosaleda, porque a partir de aquí su mente y sus palabras viajaron a su infancia futbolera dejando atrás la de los Baños del Carmen y después apareció el arroz con bogavante y volvimos al presente olvidándonos de todo lo demás.

LLega un momento en la vida en el que uno coge buenas costumbres, las que puede, las sublima y hace de ellas el sentido y la delicia de la vida. Para Manuel un almuerzo en compañía de amigos era una de esas costumbres sublimadas. Ese día, con su rigor adamantino (como diría Borges), comenzó el almuerzo con un dry martini ataviado con el fular del humo de un BN. Después del arroz y un buen rioja, el cigarro del reposo; de postre una bola de helado de turrón con un chorreón de whisky, y para terminar un café y un Jägermeister master con el último BN antes de irse a escribir la columna diaria para el periódico.

La conversación tuvo lugar el 21 de octubre de 2016. Ese día le pedí a mi padre y a Manuel comer los tres en el Balneario, espacio tan malagueño como el poeta. Me habían encargado un libro sobre este lugar y quise que Manuel fuera la mirada poética que hilaba el sentido del contenido. El libro no salió finalmente de mis manos, aunque la idea de Manuel quedó impresa en el volumen que sacaron los nuevos autores. Yo registré su conversación, de la que he transcrito una parte.

 

4 comentarios

  1. Me ha gustado mucho el artículo, el recuerdo al que hace referencia, lo que evoca, al gran Manuel Alcántara; pero sobre todo lo que más me ha gustado son esas litografías de páginas de periódico antiguas. Me parece fascinante esa la temporada 1932-1933 y me hace reflexionar sobre cuánto se perdió con la guerra en España, y en el mundo claro, con la guerra mundial, y si estaremos tomando adecuada nota ahora con la pandemia que nos asola…
    Mi padre se subió a ese tranvía incontables veces de pequeño y de mayor también. Llegaba hasta Zafarraya ya en la provincia de Granada, pasando por Vélez Málaga claro…
    Este verano pasado estuve ahí, soy natural de Málaga donde me crié, pero ahora vivo fuera, y pase cada tarde de mi estancia veraniega en esa playa de los Baños del Carmen…
    Tan sorprendido me quedé que aproveché todas las puestas de sol, toda la poca arena que tiene la playa para empaparme de sal y yodo, y una captura de puesta de sol maravillosa que me traje para aquí conmigo, a esta ciudad de Mérida, que tanto me ha dado, para evocarte cada tarde que sienta nostalgia de tí, Málaga, ciudad huerto de flores a la orillita del mar…
    Con tu permiso la comparto en ‘feisbuk’, gracias…

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  2. Doblemente emocionada y agradecida, por el sentimiento de tus palabras y por haber provodado una emoción. Hay algo también de quizás aprehensión en lo que me producen, no por la nostalgia, sino por esa acertada frase de si estaremos tomando adecuada nota, a veces uno siente que no, que nunca hacemos bien los deberes y repetimos los errrores sin que nos importe. Muchas gracias por compartir el recuerdo y por la reflexión.

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